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	<title>Opinión de El Periódico de Cataluña - elPeriodico.com</title>
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	<description>La opinión de los expertos de El Periódico sobre la actualidad</description>
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		<title>Un tiempo nuevo</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Dec 2012 08:46:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Sáez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[Esta semana debe concretarse la gobernabilidad en Catalunya. No será fácil. Doble agenda cargada de la máxima tensión y una...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana debe concretarse la gobernabilidad en Catalunya. No será fácil. Doble agenda cargada de la máxima tensión y una mayoría fuerte pero amenazada con todo tipo de inestabilidades. Los quince días posteriores a las elecciones han enseñado algunos de los componentes que puede tener la nueva dinámica. Mas ha perdido algo más de 12 diputados en este viaje. Los 50 de ahora son un bloque menos compacto que los 62 de hace un mes. Duran y su entorno social y mediático quieren sacar tajada de la apuesta fallida del <em>president</em> cosa que abre grietas en la propia CDC, en la propia Unió -ahí está del portazo de los críticos de <em>El Matí</em>- y en la propia federación. El silencio de Mas estos días no ha hecho más que alentar esta dinámica centrífuga tras dos años de máxima cohesión al ritmo de las sucesivas victorias electorales. Un silencio que contrasta con la verborrea de su nuevo socio, Oriol Junqueras, que se ha multiplicado en los medios par saborear el éxito pero también para lanzar mensajes de tranquilidad a todas las capillas de ERC: a los que quieren la independencia exprés, a los que quieren asaltar el palacio de invierno del impuesto de sucesiones, a los que quieren pillar cacho desde el Gobierno y a los que quieren seguir creciendo desde la oposición. Muchos frentes que atender y que no serán fáciles de armonizar con el día a día de un Gobierno que deberá cumplir con Bruselas, mantener la paz social aflojando con los recortes y batirse con el Madrid más centralista mientras prepara un referendo. Casi nada.<br />
Y enfrente, el vacío. Solo ICV mantiene el discurso de la campaña, el PSC de ha hundido más en su dinámica introspectiva y el PP y Ciutadans constatan como tantos otros que la España que venden en campaña es tan irreal como la Catalunya que critican. En fin, llega la Navidad. </p>
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		<title>Una oportunidad de oro</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Dec 2012 15:59:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Joan Manuel Perdigó</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde que el Onze de Setembre alteró la agenda política catalana, los independentistas han recriminado a los partidarios de encontrar...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que el Onze de Setembre alteró la agenda política catalana, los independentistas han recriminado a los partidarios de encontrar una solución federal para el encaje de Catalunya en España el haberse quedado de brazos cruzados durante el largo periodo en que se fue incubando el malestar que ahora amenza con ruptura.</p>
<p>¿Dónde estaban todos los firmantes de manifiestos federalistas cuando el PP recogía firmas por España en contra del Estatut, o cuando el Constitucional laminó el texto sometido a referendo de los catalanes?, se preguntan los partidarios de dar por fracasada toda posibilidad de recomponer las bases de convivencia.</p>
<p>Lo cierto es que durante mucho tiempo el silencio de la sociedad civil española ha sido clamoroso, por no hablar de cómo el PSOE ha pasado de puntillas sobre la cuestión. Sin ir más lejos, en la Festa de la Rosa del pasado septiembre, que organiza anualmente el PSC, Rubalcaba se resistió como gato panza arriba a pronunciar en su discurso la palabra <em>federalismo</em>, rescatada por Pere Navarro del baúl de los recuerdos, y aún hoy es la hora de que el líder del PSOE deje de escudarse en su florido verbo para aclarar si comparte la tesis de los socialistas catalanes de que Catalunya tiene derecho a decidir, ni que sea previa reforma de la Constitución.</p>
<p>Pues bien, después de que hayamos conocido el borrador de la reforma de la enseñanza que promueve el ministro Wert, que pone en cuestión el modelo educativo catalán, desarrollado sin conflicto alguno en los últimos 30 años, a los federalistas del resto de España se les presenta una oportunidad de oro para demostrar ante sus detractores independentistas y ante la mayoría de los catalanes que la solidaridad va más allá de estampar la firma al pie de un manifiesto de impecable redacción.</p>
<p>José Ignacio Wert, Mariano Rajoy y el partido que respalda su mayoría absoluta en las Cortes tienen que darse cuenta de que su proyecto es una agresión a un modelo que defiende sin fisuras la comunidad educativa y una amplísima mayoria de la sociedad catalana, reflejada  nada menos que en 107 de los 135 diputados del Parlament, pero que, además, supone un torpedo en toda regla contra la existencia de la  España plural, la única España posible en democracia.</p>
<p>Tan alto como la voz de la mayoría de Catalunya, debería escucharse ahora también de forma nítida la de los ciudadanos del resto de España que creen en un modelo de Estado en el que la cultura catalana y su lengua propia tengan la consideración que les corresponde y dejen de ser tratadas como un factor de inestabilidad y subversión. Es una oportunidad única para pasar de las buenas palabras a los hechos.</p>
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		<title>Wert para creer</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Dec 2012 11:50:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi Casinos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno esperaba que tras las elecciones autonómicas, y con más razón a tenor de los resultados, empezaría a bajar el...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno esperaba que tras las elecciones autonómicas, y con más razón a tenor de los resultados, empezaría a bajar el suflé de la hostil escalada dialéctica que en los últimos meses se ha alimentado desde Madrid y determinados entornos de Convergència, y que se sustituiría por una estrategia de gestos por ambas partes que permitiera ir reconduciendo la situación. Pero no.</p>
<p>A las primeras de cambio va el ministro Wert y pone en marcha su anteproyecto de ley de educación, que, entre otras medidas, pretende erradicar en la práctica el catalán de la escuela. Realmente empieza a ser preocupante el nivel de estos políticos que nos está tocando vivir por su escasa capacidad de análisis, empezando por el <em>president</em> Artur Mas, que no supo interpretar la manifestación del último Onze de Setembre, ni que los votos que consiguió hace dos años eran prestados, ni fue capaz de prever que el 25 de noviembre perdería 12 diputados en lugar de obtener la mayoría absoluta. Ahora aparece el incendiario de Wert, que por  lo visto tampoco ha sabido leer correctamente los últimos resultados electorales en Catalunya.</p>
<p>Ante esta nula capacidad de análisis de la clase política, es lógico que los ciudadanos se interroguen seriamente y con cierta alarma sobre si nuestros gobernantes son lo suficiente competentes para tomar decisiones que determinan el futuro y calidad de vida de miles de personas. Las dudas son sumamente inquietantes, y quizá sea lo anterior lo que explica que todas las medidas que se están tomando para combatir la crisis no hacen más que empeorarla, porque por lo visto la capacidad política de análisis generalizada en este país está al nivel de una lata de atún.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Habló Montilla</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Nov 2012 20:28:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Sáez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Altamente recomendable la lectura de la conferencia de José Montilla en Córdoba. Tiene mérito lo que dice, quien lo dice...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Altamente recomendable la lectura de la conferencia de José Montilla en Córdoba. Tiene mérito lo que dice, quien lo dice y donde lo dice. Un retrato bastante preclaro de lo que ocurre en Catalunya, de sus causas y de sus consecuencias. En síntesis: el malestar catalán no se cura con el batacazo de Mas en las elecciones del domingo y la solución no es ni el combate de banderas de Ciutadans ni la recentralización del PP. Montilla no cree en la independencia pero apuesta por el federalismo que presumiblemente debería encarnarse en una reforma de la Constitución que pusiera freno a la deslealtad competencial de la administración central, que permitiera una solidaridad interterritorial más justa y sin excepciones (País Vasco y Navarra) y que diera corresponsabilidad fiscal a las comunidades que la pidieran. Y, de paso, que reconociese que Catalunya es una nación. Todo un aval a la campaña de Navarro y todo un desafío para la dirección federal del PSOE.Y una enmienda a la totalidad a la zafía imagen de la convivencia en Catalunya que difunde el PP y que rubrica el diputado Rivera en funciones de tertuliano en Intereconomía (por cierto, ¿es compatible?).<br />
La conferencia de Montilla debería ser un acicate para el PSC a mantener su apuesta por el federalismo en el primer plano de su propuesta política. Algunos han recelado de ella por considerarla oportunista pero el sorpresivo resultado de las elecciones le da a los socialistas la ocasión de profundizar en ella y de presentar el federalismo -como explica Joaquim Coll en sus artículos- no solo como una propuesta de organización territorial sino también de regeneración democrática. Ello requeriría solo dos matices: que el socialismo catalán empezara la regeneración por el propio partido y que mostrara el mismo respeto democrático por el independentismo que la que muestra por el autonomismo.</p>
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		<title>Mas-Junqueras, primer &#8217;round&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Nov 2012 22:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Sáez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuenta Xabier Barrena en el diario que ayer Mas y Junqueras se zamparon unas espinacas en el Palau de la...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta Xabier Barrena en el diario que ayer Mas y Junqueras se zamparon unas espinacas en el Palau de la Generalitat. Ciertamente el <em>president</em> necesita la vitaminas que tomaba Popeye para salir del atolladero en el que se ha metido. Junqueras salió impoluto del primer envite. Desde el domingo,  CiU ha perdido potencia mediática para acechar a sus interlocutores. Hay rotativas muy potentes que ya trabajan por la sociovergencia y por un abrazo de la siempre campechana monarquía española. Pero el Twitter y las redes sociales -con Pujol padre a la cabeza- hacen ver como si las elecciones las hubieran precipitado los republicanos obligados a responsabilizarse de los resultados. Frente a la ignominia, el líder de ERC clavó el discurso: no entrarán el Govern, no impedirán la investidura, no olvidarán el referendo, no aceptarán los recortes &#8220;injustos&#8221;. La pelota de nuevo en el tejado de Mas a quien desde el 11-S se las devuelven todas. Mas pidió ayer un Govern fuerte que asuma simultáneamente la convocatoria de la consulta y los recortes por valor de 4.000 millones. ¿Cumple la oferta de Junqueras las condiciones de Mas? No lo sabemos, Mas mandó callar a sus voceros.<br />
El sainete para la formación de Gobierno durará más cuanto más sorprendente sea su desenlace. Pujol necesitó semanas para pasar de ser un enano que debía hablar castellano entre la militancia del PP a conseguir que Aznar usara el catalán en la intimidad. Y los siempre criticados miembros del aparato del PSC necesitaron casi un mes para hacer president a un Maragall que se fue a dormir desolado el día de las elecciones pocas horas antes que los funcionarios aplaudieran a Mas en la plaza Sant Jaume aunque tardaría 7 años en volver. Junqueras ha aguantado el primer asalto de Mas. La partida solo ha hecho que empezar.</p>
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		<title>Dieta Mas: 50-44-41</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Nov 2012 20:34:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Sáez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[En política, los errores se pagan. Mas salió de un atolladero por la vía de las elecciones y ha caído...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En política, los errores se pagan. Mas salió de un atolladero por la vía de las elecciones y ha caído por el precipicio de la ingobernabilidad. Como dirían en el tenis, aparentemente, un error no forzado. Nada le obligaba a precipitar las elecciones. Sin embargo había razones subyacentes: el apoyo del PP tenía un precio en forma de recortes de 4.000 millones como hemos sabido ahora. Y el apoyo implícito de CiU a la manifestación de la Diada le impedía ponerse en contra de su espectacular éxito. Mas llama ahora al resto de partidos a la responsabilidad, pero está claro que para encontrarla tendrá que expiar, y mucho, la suya. Para ser presidente, Mas necesita el voto favorable de uno de los tres grupos con los que suma la mayoría absoluta o la abstención de dos de ellos: o 70 votos a favor y 65 en contra o bien 50 a favor, 41 abstenciones y 44 votos en contra.<br />
Todo apunta que el voto a favor o la abstención del PP no interesa ni a unos ni a otros, En Génova piensan que Mas ya ha caído por el precipicio de la radicalización y bla, bla, bla y no están dispuestos sino a incitarlo hasta que CiU implosione y sea posible el viejo sueño de la fusión con Unió. Muchos dan por descontado que quien tiene que ponérselo fácil es ERC a cambio de la convocatoria del referendo o consulta sobre la independencia. Ello era así hasta antes de las elecciones, pero ahora el problema de no convocarlo desgasta a Mas y no a ERC porque ha sido él quien ha tomado el compromiso con los electores que le han dado 50 diputados. ERC guarda viejas heridas, como por ejemplo los cables que CiU ha lanzado a sus diversas escisiones durante los tripartitos. No hay razones para el sí y menos aún para entrar en el Gobierno. Los dirigentes de ERC acaban de llegar a la primera línea política y la mayoría de sus diputados no ansían una conselleria. Solo la presión de una nueva convocatoria electoral les puede ablandar. Pero Mas no aparece dispuesto a separar el pack y quiere que quien les invista, le vista cada día que sea necesario recortar. Y además, el entorno empresarial y mediático de Mas jugará contra este acuerdo. ERC entonces podría ser útil si es uno de los grupos que se abstiene. ¿Puede ser el PSC el otro? No lo parece. Mas faltó a los pactos de la investidura anterior, forzó que quedara fuera del pacto fiscal y le han convocado las elecciones cuando peor les iba a los socialistas para su dinámica interna. La operación Mercurio lo lía todavía más.<br />
Llegado este punto, CiU deberá tomar una decisión: ¿qué puede ofrecer en sacrificio para conseguir, como mínimo, una doble abstención? El referendo, la cabeza de Mas o las prebendas del Gobierno. Los intereses de ERC y PSC son contrapuestos en lo que afecta a la consulta, especialmente en cuanto al ritmo. Pero no en buscar el descabezamiento de CiU en un momento de sacudida de su electorado. Y menos aún en cambiar las reglas del juego con las que ha gobernado CiU hasta ahora. Obtener el control de organismos clave para la regeneración democrática puede ser un interés compartido por ERC y PSC: Sindicatura de Comptes, CAC, oficina antifraude, medios de comunicación públicos, subvenciones a los medios privados y un viraje en la política fiscal. Deberán planteárselo. CiU se evitaría el ridículo de tres elecciones en dos años y los otros partidos sentarían las bases para constituirse en alternativa, por supuesto, por separado.  </p>
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		<title>Un millón de silencios</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Nov 2012 07:35:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Joan Manuel Perdigó</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<category><![CDATA[Catalunya nou estat d'Europa]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Hotel Majestic]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Pujol]]></category>
		<category><![CDATA[José María Aznar]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Ferrusola]]></category>
		<category><![CDATA[participación]]></category>

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		<description><![CDATA[Acto primero: Noche del 29 de abril de 1984. Un Jordi Pujol eufórico, flanqueado por Marta Ferrusola y Miquel Roca,...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Acto primero:</strong> <strong>Noche del 29 de abril de 1984</strong>. Un Jordi Pujol eufórico, flanqueado por Marta Ferrusola y Miquel Roca, saluda a la multitud que le aclama desde el balcón del Hotel Majestic, en el paseo de Gràcia de Barcelona. Junto a consignas más clásicas, arrecia la de ‘Això és una dona’, dedicada a la esposa del ‘president’, convertida en figura estelar. La querella por el ‘caso Banca Catalana’ aún no se ha presentado, pero todo el mundo sabe lo que se está cociendo, y en la campaña electoral la amenaza contra el líder nacionalista se vuelve como un bumerán contra los socialistas. En las urnas, CiU logra una mayoría abrumadora, con una diferencia de 31 escaños sobre el PSC. Además, lo hace con una participación que acabará marcando hasta ahora el récord en las nueve elecciones autonómicas. Nada más… y nada menos que un <strong>64,3%</strong></p>
<p><strong>Acto segundo: Noche del 21 de marzo del 2000.</strong> José María Aznar lo ha logrado. Ya tiene  la mayoría absoluta que perseguía en su reelección como presidente del Gobierno. Esta vez puede saludar desde el balcón de la sede del PP en la calle Génova de Madrid con la sonrisa franca dibujada en el  rostro, sin el gesto contenido de 1996, aquel día del &#8216;Pujol, enano habla castellano&#8217; que coreaban sus seguidores, cuando él ya sabía que su ajustada victoria le abocaba al &#8216;pacto del Majestic&#8217;. Victoria abrumadora, sí, pero sustentada más sobre el fracaso del adversario, el PSOE, que sobre el mérito propio. En realidad, el PP ha logrado solo 500.000 votos más que en 1996. La gran diferencia esta vez es que los votantes socialistas, decepcionados ante la multitud de escándalos y el débil liderazgo de Joaquín Almunia, han decidido quedarse en casa, refugiarse en la abstención. Por eso el 21-M ostenta el récord de menor participación en las 10 elecciones legislativas registradas desde 1977 en España. En Catalunya ese día solo vota un discreto <strong>64,7%</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Acto tercero: Tarde del 11 de septiembre del 2012.</strong> Una impresionante multitud &#8211;¿600.000, millón y medio, dos millones de personas?&#8211; ocupa el centro de Barcelona con un diáfano clamor a favor de la independencia y marcha tras una pancarta sin matices: &#8216;Catalunya, nou estat d&#8217;Europa&#8217;. Dos semanas después, el presidente de la Generalitat disuelve el Parlament para llamar a consulta a los ciudadanos, interpretando que la oleada soberanista y el &#8216;no&#8217; de Rajoy a negociar el pacto fiscal cambian los planes de la legislatura, y que los catalanes han de refrendar en las urnas lo que se supone es el sentir mayoritario en la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Acto cuarto: Domingo 25 de noviembre.</strong> Catalunya tiene su cita más importante con las urnas desde la restauración democrática, sea cual sea la opinión que se tenga sobre el proceso que se ha abierto. Las encuestas que hemos conocido estas semanas centran la atención en si CiU logrará o no la mayoría absoluta; en la apretada pugna entre PSC, PP y ERC por hacerse con la segunda plaza del Parlament, y en otras entretenidas variables, teniendo en cuenta que en la pluralidad catalana hay hasta nueve opciones con posibilidades de lograr escaño, desde la extrema derecha xenófoba (PxC) a la izquierda antisistema e independentista (CUP). Pero una gran incógnita pesa sobre una cuestión clave: ¿Qué participación habrá en estos comicios?</p>
<p>Dos meses y medio después de la manifestación más multitudinaria de los últimos tiempos en Europa puede darse la paradoja de que repitamos una de nuestras discretas votaciones. ¿Se mantendrá el estigma de que la menor participación de los catalanes en unas legislativas es aún superior en tres décimas a la mayor participación en unas autonómicas? En las dos grandes hitos de las legislativas &#8211;el <strong>28 de octubre de 1982</strong>, cuando Felipe González logró su primera y más amplia mayoría absoluta, y el <strong>14 de marzo del 2004</strong>, cuando se produjo la reacción popular contra las mentiras del Gobierno Aznar sobre los atentados del 11-M&#8211;, la participación en Catalunya fue del <strong>80,7%</strong> y el <strong>77%</strong> respectivamente. Ana Botella diría meses después del 14-M: &#8220;Cuando vimos el índice de participación en Catalunya, supimos que habíamos perdido las elecciones&#8221;.</p>
<p>Las manifestaciones ofrecen resultados de asistencia dispares &#8211;a menudo, sonrojantes&#8211; en función de la vara que las mide y el ojo que las cuenta. En las urnas, los votos son incuestionables. Ahí es donde de verdad cuenta la movilización popular. Y entre el récord de participación de las legislativas y de las autonómicas hay más de 16 puntos de diferencia. Sobre el censo de hoy, está diferencia representa casi a un millón de personas. ¿Podemos permitirnos el domingo, cuando iremos a votar ante la atenta mirada de Europa y de medio mundo, encontrarnos con una clamorosa manifestación de un millón de silencios?</p>
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		<title>Miedo y resignación</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Nov 2012 08:01:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Joan Manuel Perdigó</dc:creator>
				<category><![CDATA[Últimos artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[En esta singular campaña electoral que ya ha cruzado su ecuador, dos son las cuestiones fundamentales que están sobre la...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En esta singular campaña electoral que ya ha cruzado su ecuador, dos son las cuestiones fundamentales que están sobre la mesa. El derecho a decidir nuestro futuro como país, en una situación inédita en los tres últimos siglos, y cómo gestionamos y repartimos las cargas de una crisis económica y social que ya lleva cinco años provocando estragos. Cuestiones de cajón, que anoche precisamente centraron el debate a siete de TV-3.</p>
<p>De lo primero, verdadero detonante de que hoy estemos camino de las urnas, se ha hablado mucho en estos dos últimos meses, desde que una marea humana mandó una señal inequívoca de la magnitud del deterioro de las relaciones entre Catalunya y el resto de España. Pasados los primeros momentos de estupor, los mensajes que los catalanes hemos recibido antes y durante la campaña han sido fundamentalmente apocalípticos y descalificadores. Nos han tildado de nazis, xenófobos o genocidas en potencia, si se suponía que compartíamos el proyecto secesionista, y poco menos que tontos de remate si simplemente se nos ocurría albergar alguna presunción de que las cosas no podían seguir como hasta ahora.</p>
<p>La corriente mayoritaria de las reacciones tierra adentro ha sido la de augurar todo tipo de males y penurias. En su afán por echar a Catalunya de la UE, algunos la querrían expulsar hasta de Europa. Vaticinan catástrofes económicas que bordean el ridículo y que, curiosamente, caso de producirse, ni siquiera afectarían a las dos partes del contencioso, sino solo a una. Hace unos días un diario de Madrid auguraba que Catalunya perdería el 19% de su PIB si se separara de España, olvidando algo mucho más obvio, y es que llegado el caso, quien perdería seguro casi el 19% de su PIB sería el resto de España, porque esa es la aportación catalana a la riqueza conjunta. Una razón poderosa para pensar que las presuntas desgracias, que serían mutuas, deberían invitar más al diálogo que a la amenaza.</p>
<p>Hemos asistido también a desacomplejadas lecciones de historia &#8211;ahora que hablar de historia ha dejado de ser una cosa ridícula y trasnochada&#8211; en las que Catalunya habría sido, en el mejor de los casos y durante siglos,  poco más que la playa de Aragón desde que el conde catalán &#8211;de la Casa de Barcelona&#8211; Ramon Berenguer IV se comprometiera con doña Petronila (solo tenía dos añitos), allá por el 1137, como Federico Trillo se esmeraba en contarle al Financial Times hace unos días.</p>
<p>Incluso los federalistas firmantes de manifiestos, que estuvieron mudos en los años en que la desafección se iba incubando, tienden una mano para proponer nuevas formas de relación, mientras con la otra no pueden evitar soltar una colleja paternalista por esa tendencia malsana de los catalanes a la singularidad. En suma, en estos dos meses, hemos percibido muchas más apelaciones al miedo y al reproche antes que al diálogo como método encontrar una salida a una situación más que complicada.</p>
<p>Sobre la segunda cuestión, sobre la gestión de la tremenda crisis económica que amenza con desballestar el Estado del bienestar, se aprecia un manifiesto interés por debatir menos. Unos, quienes gobiernan aquí y allá, porque al margen de la bandera que ondeen, insisten en lo inevitable de seguir apurando el cáliz de la pócima para sanar al  moribundo. Y otros porque, mientras Catalunya no llegue a Icària, les parece imposible plantearse mitigar el paro, las listas de espera, los desahucios y toda suerte de lacerantes injusticias. En la España de hoy, en definitiva no habría salida para los problemas cotidianos de los catalanes. Si, como augura algún candidato, la Catalunya independiente será el Estado &#8220;con mayor superávit de Occidente&#8221;, habrá que esperar como mínimo al 2014 para empezar a atar a los perros con longanizas. Por una u otra razón, son muchas las voces que emiten el mensaje único de la resignación. Aguantar hasta que cambie el ciclo económico o aguantar hasta la independencia.</p>
<p>De esta forma se da la paradoja de que mientras se supone que somos un pueblo tan fuerte como para cuestionar el Tratado de Utrecht, que puso fin a la guerra de Sucesión, y los diferentes tratados de la Unión Europea que no prevén modificar el mapa de la Europa de los estados, a la vez somos tremendamente débiles para redibujar siquiera la línea de puntos por la que tiene que pasar la tijera del recorte o del ajuste. Para distribuir de forma más equitativa el reparto de las cargas que nos deja este gran despropósito financiero.</p>
<p>Hasta el día 25 vamos a seguir oyendo de todo (y de lo mismo), pero vale la pena recordar que somos ciudadanos libres, que el próximo domingo tenemos una cita con las urnas. Ese día podemos ejercer el derecho a decidir tanto sobre nuestro futuro como pueblo como sobre la forma en que deseamos gestionar la crisis. Ese día tenemos la posibilidad de hacernos oír, dejando a un lado el miedo que nos pretenden infundir y la resignación que nos quieren inculcar.</p>
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		<title>Una oportunidad para la política</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Nov 2012 19:10:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Joaquín Romero</dc:creator>
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		<category><![CDATA[política economía sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[El drama de los desahucios, que señala como ningún otro de los episodios de esta larga crisis dónde están sus...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El drama de los desahucios, que señala como ningún otro de los episodios de esta larga crisis dónde están sus verdaderas víctimas, es a la vez la mejor oportunidad que se ha presentado en años para la recuperación de la política, de la auténtica. Quizá pasará mucho tiempo antes de que aparezca una causa tan justa y con tanta capacidad para reconciliar a los partidos con la ciudadanía, especialmente con la que ya los ve más como problema que como solución.<br />
Los casos de suicidios de personas a punto de ser desalojadas de su vivienda ha despertado la conciencia incluso de los jueces, que claman por unos cambios legales urgentes. Una reacción tan singular e inesperada que ha puesto una vez más en evidencia la siesta en que viven los partidos. También ha producido una serie de movimientos, como la respuesta inmediata del poder político y un abortado consenso entre el PP y el PSOE. Ya hemos visto que, finalmente, la solución gubernamental es un nuevo parche, tan poco sorprendente como decepcionante.<br />
Sin embargo, la oportunidad sigue ahí porque la herida de la injusticia aún está abierta.<br />
Ya se ha visto cuál es la oferta del PP. Mimetizar la que había ofrecido la banca: revisar caso por caso para ver quién, después de perder la casa, merece la limosna de no ser lanzado a la calle. CiU, como siempre –como hizo con la huelga del 14-N- al disimulo, de perfil. El PSOE, que no dio un paso cuando estaba en el Gobierno, ha hecho unas propuestas de máximos, por no decir demagógicas, y se ha desmarcado del PP.<br />
Los partidos tienen ahora la ocasión de apoyar en el Congreso la iniciativa legislativa popular (ILP) que promueven varias organizaciones sociales y políticas para acabar con una situación que irá a más en los próximos meses porque el número de parados aumenta.<br />
Puede que no todo el contenido de la ILP sea trasladable a la ley, pero si una buena parte. El punto básico que hay que modificar es el desequilibrio de la legislación hipotecaria, que carga sobre el cliente la pérdida de valor patrimonial de los inmuebles a la hora de la subasta. Cuando las viviendas se revalorizaban al ritmo de dos dígitos por año, el beneficio se repartía puesto que la banca ampliaba sus créditos hasta el 120% de la tasación –un 50% por encima de lo que dictaban las normas de riesgos-.Pero ahora, cuando la depreciación es galopante, es el cliente quien pierde de saque un 40% o un 50% de lo tasado.<br />
No se trata de perjudicar a la banca, ni de impedir que siga haciendo negocio con la titulización de hipotecas, sino de ponderar las cosas, de impedir tanta arbitrariedad.<br />
Quizá bastaría con una pequeña modificación de la ley concursal, de forma que los particulares, a los efectos de la vivienda, puedan suspender pagos en las mismas condiciones que una sociedad. Los bancos no aceptan la dación en pago de las promotoras por darles un trato preferente, sino porque cuando estas entran en concurso de acreedores la deuda hipotecaria se pone a la cola, como el resto, y quien presta el dinero cobra cuando le toca y la cantidad que le toca. Por eso los bancos prefieren quedarse el edificio o el terreno antes de que el caso pase por el juez, y dan por saldada la deuda.</p>
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		<title>Un nuevo pacto social</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Nov 2012 06:20:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Sáez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<description><![CDATA[El bufete Cremades&#38;Calvo Sotelo -nada sospechoso de rojo pancartero- lanzó este miércoles el siguiente tuit: &#8220;Se requiere una nueva inyección...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El bufete Cremades&amp;Calvo Sotelo -nada sospechoso de rojo pancartero- lanzó este miércoles el siguiente tuit: &#8220;Se requiere una nueva inyección de principios democráticos que involucren a los ciudadanos en el gobierno de la sociedad&#8221;. Es una reacción inteligente y sensata propia de alguien que entendió el alcance y el significado de la tercera huelga general desde mayo de 2010. Desde entonces, la crisis en España tiene una dimensión política e institucional que supera los contornos del drama económico y social derivado del paro, la recesión, los recortes, el desplome del sector inmobiliario y financiero, etc. Los déficits del funcionamiento de la democracia se han evidenciado una y otra vez: el estallido del 15-M, la desconfianza en el sistema de partidos, el empujón independentista en Catalunya&#8230; Voces diferentes pero siempre la misma canción que denuncia Cremades&amp;Calvo Sotelo: desconexión entre representantes y representados, falta de sensibilidad del poder y sensación de impotencia de la ciudadanía.<br />
Los últimos acontecimientos ofrecen una nueva oportunidad para dar el vuelco a esta situación. Excepto cierta prensa de Madrid que vive anclada en sus guerras decimonónicas, cualquier observador atento ha visto que el paro del 14-N ha sido también una revuelta de la clase media que esta vez se ha unido a los trabajadores y a los jóvenes en el clamor contra las consecuencias de las políticas contra la crisis. Este miércoles en el nada revolucionario Eixample de Barcelona podían leerse en algunos comercios carteles como éste: &#8220;cerrado por adhesión a la huelga general&#8221;. Las víctimas concienciadas de la crisis ya son mayoría entre la clase nuclear de la economía de mercado y de la democracia representativa. Sin ellos, no hay salida de la crisis. Lo saben los mercados, y lo saben los <em>spin doctors</em>. El segundo elemento positivo es el inicio del proceso de emancipación de la clase política española respecto a la banca. La negociación PP-PSOE sobre el drama de los desahucios significa que han dejado de competir por los créditos de Botín y de González y han decidido que esta crisis ha de arruinar a quienes más riesgos asumieron no a quienes más hipoteca suscribieron. Y el último elemento esperanzador es la inédita comparecencia de la tarde del miércoles del comisario Oli Rehn anunciando que Europa no pedirá a España más hachazos en lo que resta del 2012 y en el 2013 siempre que Rajoy mantenga las medidas adoptados de reducción del déficit estructural que, como consecuencia de la recesión, no da los resultados anunciados en términos porcentuales pero si absolutos.<br />
En este contexto, España debería intentar un nuevo pacto social. Si fue imposible para torear la crisis, debería serlo para iniciar la recuperación. Todos los implicados han aprendido en estos dos primeros años que querer salvarlo todo puede llevar a quedarse sin nada. Partidos políticos, patronales, sindicatos y autonomías deberían sentarse en una mesa y negociar unas nuevas reglas del juego que equilibren los riesgos de empresarios y trabajadores en la actividad económica, que conjuguen la aportación a la competitividad de los esfuerzos salariales y de la inversión, que pongan en cintura al poder financiero, que salven lo que queda del sistema de protección social y las inversiones productivas, que rompan el aislamiento de las cúpulas de los partidos y de las organizaciones sociales respecto a los ciudadanos, que equilibren el poder territorial y que eliminen las duplicidades partitocráticas. Solo desde un nuevo pacto social, los sacrificios de estos dos años y los que vendrán permitirán salir de la crisis sin romper la paz social. </p>
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