¿Gobierno técnico en España?

Los que en este país disfrutan presumiendo de saber lo que los periódicos no publicamos -igual porque es mentira-, llevan semanas dando por hecho que España tendrá un Gobierno “técnico” en otoño. Las posibilidades van desde traer a Almunia de Bruselas hasta recuperar a Piqué o encumbrar a García Margallo pasando por llamar a Solana. Sería una medida excepcional, sin base democrática y sin ninguna justificación. Los más lerdos argumentan que será la condición que pondrá Europa tras la intervención como hizo en Grecia y en Italia. Es falso. En Grecia, el Gobierno cambió porque Papandreu no tenía mayoría para gobernar. Y en Italia, Berlusconi era incapaz de tener apoyos para otra cosa que no fuera irse. Rajoy tiene mayoría absoluta, holgada y nada indica que la pueda perder. La única razón para impulsar una inicitiva tan estrambótica es la necesidad de los partidos de quitarse de encima la carga de gestionar lo que viene como resultado del cúmulo de errores de estos cuatro primeros años de la crisis y de la falta de reflejos de las instituciones europeas. A la espera de su segunda rueda de prensa que dará este viernes, el taciturno Rajoy transmite ciertamente una sensación de indolencia que no ayuda a entender lo que está pasando y mucho menos a aceptar lo que tiene que venir. La gravedad de la situación no ha servido en todos estos años como antídoto contra el populismo y la demagogia que atraviesa las entrañas de la política en el Viejo Continente. Zapatero no afrontó los primeros síntomas de la enfermedad para no perder las elecciones de 2008, de la misma manera que Rajoy no apoyó el tijeretazo del 2010 para ganar en 2011 y aplicar el hachazo de 2012. Y por idénticas razones, Hollande clamó a favor de unas políticas de crecimiento que ahora no asoman por ninguna parte y Merkel encarece la solución de la crisis del euro para no perder sus comicios. El drama de actual UE es que tiene que pasar la peor crisis de su historia sin ningún líder dispuesto a perder las elecciones para ganar la historia, como el Churchill de la Segunda Guerra Mundial o el Suárez de la Transición española.
Después de ver la comparecencia conjunta este jueves de Monti y Rajoy entran ganas de sumarse a la petición de un Gobierno técnico para España. Sería suficiente con un presidente que renunciara a la demagogia y al populismo para sacarnos de la crisis o incluso tendríamos bastante echando de La Moncloa a Arriola y el resto de spin doctors postmodernos que rodean al presidente. Afortunadamente, Rubalcaba no está siguiendo el camino de Rajoy en la oposición y atempera los ánimos tanto como le dejan sus adversarios internos, pero el líder del PP aún no ha llegado al punto en que Zapatero tiró la toalla electoral para resarcirse de sus propios errores históricos. Soñar en un Monti da mucha envidia y el contraste es espectacular: el italiano no pierde oportunidad de explicarse ante sus compatriotas, se bate el cobre con Merkel y el finlandés mientras Rajoy huye de la prensa -y todavía más de las preguntas- y se dedica a batirse el cobre con… Catalunya y Andalucía. Todo está dicho.