Una de las escenas más dramáticas de la crisis del euro se ha visto este mes de julio en Atenas cuándo el partido neonazi Amanecer Dorado (400.000 votos y 18 diputados) ha repartido alimentos a los pobres siempre que acreditaran ser griegos con el correspondiente documento de identidad. La carroña fascista ensañándose con las vÃctimas de la mala polÃtica griega y de la miopÃa polÃtica de la UE. Populismo y demagogia mano a mano para prometer soluciones simplistas a problemas complejos. Más o menos como los nazis originales que, a lomos del paro y la inflación, persuadieron a millones de alemanes que el hambre se acabarÃa desahuciando judÃos y sometiendo militarmente a los ganadores de la Primera Guerra Mundial. Lamentablemente, la historia se repite.
Esa postal del Amanecer Dorado atajando el hambre generada por el capricho de jugar al póquer con los mercados y con el impacto de la inmigración en una economÃa en descomposición deberÃa presidir las salas de reuniones de todas las cancillerÃas europeas con un lema que, parafraseando a Adorno, dijera: la primera misión de la polÃtica es impedir que vuelva a existir Auschwitz. Dicen que la actual generación de alemanes ha perdido el sentimiento de culpa posterior a la Segunda Guerra Mundial y que eso les aleja del proyecto europeÃsta. Efectivamente, no tienen de que arrepentirse, fueron “otros” alemanes quienes la liaron. Pero descargarse de la culpa no les deberÃa eximir de velar por no repetir los errores que hicieron politÃcamente viable el régimen nazi, el huevo de la serpiente que le llamó Eugeni Xammar. Y si quieren un referente más cercano en el tiempo, Merkel deberÃa impedir que en el sur de Europa naciera una Hamás como la que secuestra al pueblo palestino a cambio de paliar la hambruna que provocan los halcones israelÃes.









