El fiasco de Hollande

La izquierda europea se agarró a Hollande como a un clavo ardiendo para presentarse como contraeso a la austeridad pretendidamente impuesta por Merkel. Cuatro meses después, viéndolo en La Moncloa junto a Rajoy, el drama de Hollande es que no aparece como alternativa. Ni a Rajoy ni a Merkel, con la que se entrevistó hace cuatro días. La austeridad es, por ahora, la única receta creíble para salvar al euro aunque con ella aparezca el fantasma de la recesión. Y, todavía peor, el de la recesión más inflación que en Europa siempre ha traído la tragedia. Pero una vez legado al Eliseo, Hollande ha seguido la misma política que Merkel y anda más preocupado por asegurar la triple A para la deuda francesa que por redimir a los vecinos del sur de la inminente recesión. Hoy por hoy es más alternativa a Merkel el hiperactivo presidente del Parlamento europeo, Martin Schulz que no el apocado presidente de Francia. Incluso el presunto tecnócrata Monti tiene más capacidad de leerle la cartilla a la cancillera.
Hollande, Rubalcaba, Navarro, Martí, toda la izquierda socialdemócrata, harían bien en leer o releer a Tony Judt para entender que lo suyo no se arregla con el simple paso por la oposición. Es más profundo porque afecta a ciertas discontinuidades que son muy difíciles de reparar en algo menos de una generación. La desconexión con sus potenciales bases electorales y la deriva hacia la defensa de los derechos individuales en lugar de blindar los servicios públicos están en la base de esa desorientación que Hollande evidencia puesto junto a Merkel, tan segura como equivocada.