La Europa que viene

Líderes o followers, esa es la disyuntiva que tiene que resolver el Gobierno español -y en parte la oposición- antes del 18 de junio cuando la nueva Europa se ponga en marcha tras las elecciones griegas, pase lo que pase. Unión bancaria, unión fiscal y, a medio plazo, Gobierno económico de… la zona euro. Un club selecto alejado de los depredadores de la Gran Bretaña en el que Alemania emitirá eurobonos a quien se los pueda pagar. Menos soberanía a cambio de más seguridad monetaria. Ese es el panorama que Rajoy dibuja una y otra vez en sus intervenciones más recientes. Un club en el que se dejarán de hacer negocios en el palco de Bernabeu para jugar en el ámbito de la competitividad y la libre competencia.
Esa Europa se va a hacer, como se hizo la de Maastricht y la de la ampliación, a porrazos, sin aparente orden ni concierto. España ha de decidir si escucha los cantos de sirena de los que llaman intervención al rescate y que huyen de ese escenario para no enseñar las vergüenzas con las que se han hecho ricos o bien quiere sumarse a la Europa que va a tener su lugar en el mundo globalizado. Por segunda vez en dos años, un presidente de Gobierno español se queda solo defendiendo su apuesta europea, hasta el ministro de Hacienda se permite insultar a las instituciones comunitarias llamándolas “los hombres de negro”, como si quien paga fuera un cobrador del frac. La España razonable no debería abandonar a Rajoy.