Rajoy y el “nominalismo”

El nominalismo es una doctrina filosófica con diez siglos de historia que, en su versión más moderna (Hobbes en el siglo XVII o Berkeley en el XVIII), niega la existencia de las ideas generales y abstractas, sosteniendo que solo existen ideas particulares con nombres comunes. Es decir, negacionismo de los conceptos universales y afirmación de las realidades concretas y tangibles.

Este domingo por la maÅ„ana, el presidente Mariano Rajoy, al valorar la multimillonaria ayuda europea destinada a sanear la banca española, la ha definido como una “línea de crédito” y se ha negado a pronunciar la palabra “rescate” con el argumento de que no quería entrar en “debates nominalistas”. Pero, probablemente, la escuela de pensamiento nominalista rechazaría por demasido genérico el concepto de “línea de crédito” y, tratándose de un auxilio financiero demandado por un país con el agua al cuello, preferiría un término más concreto, como por ejemplo “rescate”.

Si, tal como ha dicho Rajoy, el acuerdo del Eurogrupo para ayudar –a través del Estado– a la banca española es un éxito en toda regla del Ejecutivo español, cuesta entender por qué la víspera no lo presentó él mismo para colgarse tan lustrosa medalla.

Si, como apunta el presidente, no solo no ha recibido presiones para solicitar la ayuda, sino que él ha “presionado” a sus socios para obtenerla en las mejores condiciones, no se entiende que hasta hace bien poco rechazara públicamente que los bancos necesitasen la ayuda comunitaria.

Si, siguiendo su razonamiento, el del sábado fue un buen acuerdo porque la alternativa era “la intervención del reino de España”, ¿cómo defender que las reformas de su Gobierno han permitido que EspaÅ„a recupere la confianza de sus socios comunitarios?

Rajoy, que al inicio de su mandato se comprometió a “dar la cara”, celebró ayer su primera conferencia de prensa en solitario en la Moncloa. Las críticas generalizadas por su incomparecencia pública del sábado, el día en que España pidió el rescate europeo, tuvieron más fuerza que los susurros de los timoratos asesores partidarios de que no asocie su imagen a las desgracias presentes y sí a las venturas futuras, si es que llegan algún día. El sábado, poco después de que el ministro Luis de Guindos justificara la ausencia del presidente alegando que no pertenecía al Eurogrupo recién concluido, el president Artur Mas, que tampoco tiene asiento en tal organismo, daba la cara en TV-3. Más le valdría a Rajoy tomar buena nota de la estrategia de comunicación de su socio catalán.