#Rescate, parte II

La secuencia se repite. Una voz europea lanza, normalmente a través de la prensa anglosajona, una propuesta para aliviar la crisis de la deuda española e italiana. Bruselas y los interesados niegan la mayor. Las primas de riesgo del mercado secundario de la deuda se disparan y los tipos de interés del mercado primario se encarecen. Alemania sugiere que el rumor no sería una idea descartable. Monti lo asume como una ocurrencia propia. Rajoy lo niega a diestra y siniestra. Merkel -ahora ya sin el títere de Sarkozy- lo sanciona y lo comunica a los interesados. De manera que en el plazo de una semana la ocurrencia de un austríaco se convierte en el enésimo plan de salvación del euro.
Esta semana el Gobierno español pedirá oficialmente a sus socios europeos que el Fondo de Estabilidad Permamente del euro compre deuda soberana en el mercado secundario para relajar la presión de los tipos de interés en las emisiones de último tercio del año en las que hay que refinanciar el grueso de la deuda autonómica. El Fondo podría actuar con una licencia bancaria del BCE con lo cual podría cubrir hasta unos 300.000 millones de euros. Justo lo que Ewald Nowotny, representante austríaco en el banco central europeo propuso la semana pasada en la agencia Blommberg. Desde entonces hemos asistido a la secuencia habitual en la que cada actor ha interpretado el guión de acuerdo con su público eludiendo que la información hoy en día circula en tiempo real en el mundo global. De manera que nadie ha mentido: ni Draghi cuándo dijo que no iba a sustituir las obligaciones de los estados, ni cuándo dijo que haría todo lo necesario para salvar al euro. Porque no va a prestar directamente a los Estados sino que va avalar un mecanismo para que compren la deuda más barata. Tampoco mintió Schäuble cuándo dijo que no se gastará el dinero del Fondo de Estabilidad en adquirir deuda porque lo que hará será actuar como un banco y comprar temporalmente para especular a la baja y esperar que los tiburones de la city de Londres no dispongan de 300.000 millones para jugar al póquer con la moneda única.
El rezagado del grupo es como siempre el Gobierno español que el viernes vino a decir que no tienen nada que pedir. En eso coinciden todos (Nowotny, Draghi, Schäuble) menos la vicepresidenta Sáenz de Santamaría: España e Italia tienen que pedir (leáse rescate) lo que está previsto en los acuerdos del último Consejo Europeo y sus socios le pondrán condiciones a la petición (intervención). Y ello no hay que vivirlo como una fatalidad europea sino como un acto de soberanía del pueblo español el día que decidió entrar en la UE y en el euro, dos circunstancias que han proporcionado las décadas de mayor bienestar de la historia.