Un Lula para Grecia

Europa se la juega en Grecia y Grecia se la juega con el euro. La elecciones del domingo han acabado siendo un pulso entre el sistema de partidos que pactó las condiciones del rescate con la UE y los nuevos grupos políticos que dicen estar dispuestos a plantar cara a la troika y aguantar el pulso hasta el final a riesgo de ser expulsados de la moneda única y caer en el abismo. Nueva Democracia o Syriza, esa parece ser la única dicotomía posible. Este esquematismo mediático deja fuera del análisis las dinámicas internas que nos son menos conocidas y que nos cuadran menos con nuestros propios debates. Ceder a la UE o plantar cara, esa es la dinámica que nos ayuda a entender Grecia explicándonos a nosotros mismos, avanzando la opción que deberemos tomar en días, semanas o meses cuando se consume nuestra intervención.
Pero Nueva Democracia es para los griegos algo más que el partido entregado a la UE. Es, junto al PASOK, el representante de una clase política que durante décadas, al menos desde la recuperación de la democracia tras la dictadura de los coroneles, ha tenido comportamientos que nos suenan: bloqueo de las instituciones, amparo de la corrupción, falta de transparencia en la toma de decisiones y en última instancia falseo de las cuentas públicas. La UE debería ser consciente de esta dinámica interna y en lugar de pactar los recortes con los sátrapas, pactar con los reformistas el fin de un régimen nefasto, para Grecia y para Europa. El líder de Syriza podría ser para la UE lo que Lula fue para las élites más dinámicas de Brasil: una apuesta desde la izquierda radical para acabar con la corrupción que vivía de posponer el desarrollo. Otra Grecia es posible.