En momentos de nerviosismo, Rajoy puede llegar a ser un tipo desagradable. Ante el desparrame sobre el montante y la fórmula jurídica del rescate de la banca, este jueves el presidente les espetó a los periodistas: “Pregúntenmelo a mi y se lo diré cuando sea definitivo”. Tiene guasa que el presidente del Gobierno que ha dado menos ruedas de prensa en la democracia, el que huyó por la puerta de atrás del Senado para no responder a los periodistas, el que fijó la posición de España en la UE desde la sede de Génova, el que se autoerigió en responsable de asuntos económicos para no elegir entre Montoro y Guindos se proponga ahora como único y definitivo portavoz económico del Gobierno.
Rajoy ha de dar la cara y ha de dejar que la den los demás. Con la que está cayendo, la falta de liderazgo mediático de La Moncloa y los obstáculos al control democrático del Congreso en los casos Bankia y Divar no ayuda a reconciliar a los ciudadanos, sean o no pancarteros, con la política y con las instituciones. La democracia, hoy, es también -y en algunos casos sobretodo- transparencia y rendición de cuentas. Si quién tiene que responder, calla como es el caso de Rajoy no hay que extrañarse que las preguntas se trasladen a quien no corresponde. Si quien habla no dice lo que piensa o no piensa lo que dice, la gente busca la verdad en quien no se la puede dar. ¡Responda, señor Rajoy!
¡Respóndanos usted!
– 7 junio, 2012









