La secuencia se acelera, y de qué manera. Tras la histórica y multitudinaria Diada independentista de la pasada semana, los protagonistas, los antagonistas e incluso el árbitro supuestamente moderador han alimentado una escalada verbal que nada bueno augura. Nadie pone de su parte para evitar el choque de trenes entre Catalunya y España, o entre el tranvÃa catalán y la locomotora española que Ferreres caricaturizaba en su viñeta de ayer.
El Rey saltó el lunes a la blogosfera con una misiva de prosa discutible en la que condenaba a quienes, como el independentismo catalán, “persiguen quimeras”, pero también para exigir a todos –polÃticos, partidos, instituciones y agentes sociales– que resuciten valores de la Transición como el espÃritu de “concordia” o la apuesta por el “diálogo”. Aunque pudo leer la carta con antelación, no parece que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, lo hiciera con gran detenimiento, pues este último pasaje se le debió pasar por alto. Solo asà se entiende el mensaje de bienvenida que, durante el pleno del Congreso, esta mañana le ha dispensado al president de la Generalitat, Artur Mas, solo 24 horas antes de recibirlo en la Moncloa.
“Los representantes polÃticos tenemos un plus de responsabilidad. Debemos cuidar muy bien lo que hacemos, lo que decimos y también a dónde vamos. Y si nos equivocamos o nos excedemos, si las cosas se nos van de las manos, no debemos dejarnos arrastrar por los acontecimientos. Un buen gobernante debe tener personalidad y debe saber manejar las situaciones complicadas. Lo peor es empecinarse en el error y tomar decisiones equivocadas. Lo que no se puede hacer es echarle la culpa de todo lo que pasa a los demás”. No le falta razón a Rajoy en su alegato, aunque no siempre haya obrado en consecuencia…
Mientras el proyecto de Estatut democráticamente aprobado en el Parlament se tramitaba, de forma igualmente democrática, en las Cortes Generales, Rajoy encabezó una recogida de firmas por toda España para exigir una “quimera”: la celebración de un referendo ilegal sobre la ley catalana en todo el Estado. Ya entonces se le acusó de sembrar vientos que se tornarÃan tempestades. Luego, mediante un recurso ante el Constitucional que ocultaba una enmienda a la totalidad del Estatut, logró que el alto tribunal enmendara la plana al pueblo catalán, consultado en un referendo legal y democrático. Y asÃ, pasito a pasito, el PP, y en ocasiones el PSOE, fueron colmando el vaso de la paciencia de los catalanes, hasta hacerlo rebosar en la pasada Diada.
Más le valdrÃa a Rajoy guardarse la palabras gruesas y, en su reunión de hoy, tender la mano a Mas para facilitarle una salida que evite un conflicto institucional de consecuencias imprevisibles. El president se lo agradecerÃa. Y la gran mayorÃa de los catalanes, aún más.









