Choque o descarrilamiento

El anuncio del Gobierno catalán de acudir al fondo de liquidez que España ha puesto a disposición de las comunidades autónomas se presta a todo tipo de mofas en pleno debate sobre el pacto fiscal y en plena fiebre soberanista previa a la Diada. Pero también en plena ola de recentralización española. Este asunto concentra buena parte de las paradojas de este estado descentralizado con apariencia federal que se inventaron en la Transición. El asunto sirvió durante 30 años y ha dado la más larga etapa de bienestar de la historia moderna española, y catalana, y la más equilibrada desde el punto de vista territorial. Pero es insostenible porque esconde demasiadas ambigüedades que desencadenan un excesivo nerviosismo en la caverna españolista y una dosis continúa de frustración en el catalanismo. Lo que ha hecho este martes el Gobierno de Mas es un rescate en el sentido que supone reconocer que no puede acudir a los mercados para financiarse y, que, por tanto, deberá cambiar las condicionalidades de los bancos por las del Gobierno español. Pero identificar esta operación con el rescate que España tramita en Bruselas es volver a hacer creer lo que no es. En primer lugar porque la soberanía fiscal, el Tesoro es español. De manera que cuándo Catalunya iba a los mercados lo hacía previa autorización del Consejo de Ministros y con la condicionalidad que le imponía el ministro de Hacienda. Cómo ahora tendrá el fuero y el duelo, Montoro ya anunció vía decreto que con el fondo de liquidez tenía más mecanismos para hacer cumplir las condiciones. La segunda confusión proviene de pensar que con este fondo de liquidez, España mutualiza la deuda autonómica de la misma manera que pide a Alemania que mutualice la española. Falso. La deuda autonómica, y la municipal, se emite con la garantía del Reino de España. Desde 1980, o sea, desde que hay autonomías. Y tercero y más importante. España es una unión fiscal, de hecho es una “unidad fiscal”. Las comunidades autónomas tienen “cedidos” tributos del Estado en virtud de los servicios públicos “transferidos” pero no tienen hacienda propia como tendrían en un estado federal. De manera que en la petición del fondo de liquidez hay solo una operación de tesorería, no una redistribución fiscal ni mucho menos una transferencia nueva de tributos. De nuevo el paralelismo con el rescate del Estado resulta confuso: los españoles no se hacen cargo de la deuda de las autonomías como los alemanes se han hecho cargo de la de los griegos. La deuda española, generada por todas las administraciones, en lugar de adelantar la liquidación de los impuestos lo que hace es financiar el circulante de las comunidades autónomas.
Los amantes del choque de trenes entre Catalunya y España, más retórico cuanto más inminente, quieren presentar este rescate catalán como una especie de “tancament de caixes“, cuando las administraciones catalanas dejaron de liquidar impuestos a la España de la restauración. Mientras, los interesados en el descarrilamiento del estado autonómico lo dibujan como una claudicación. Ni una cosa ni otra. Este episodio es una especie de black mirror, donde sale lo peor de cada casa. Los que durante años presentaron la autonomía como una forma de autogobierno ahora han de reconocer que era una simple descentralización. Y los que denostaban las autonomías por romper la unidad de España ahora han de reconocer que son parte del Estado.