“Estoy convencido de que después del sacrificio nos espera la recompensa”, ha musitado Mariano Rajoy en el Congreso a modo de plegaria. ¿De qué recompensa hablaba el presidente? ¿De la ansiada recuperación económica, tras cuatro años de depresión y los que están por venir? ¿O de la recuperación electoral del PP, que flirteará con la debacle una vez haya ejecutado el ajuste más drástico de la historia de la democracia, anunciado hoy mismo?
Hoy se ha apoderado del hemiciclo del Congreso una cierta sensación de déjà vu. Hace justamente 26 meses, el 12 de mayo del 2010, José Luis RodrÃguez Zapatero comparecÃa en la misma tribuna para anunciar a empellones el fin del espejismo socialista: la crisis no era pasajera y los socios de España –Europa, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Estados Unidos…– le imponÃan el primer gran recorte de su mandato: recortes sociales, subida del IVA, bajada salarial para los funcionarios, congelación de las pensiones… ¿Les suena? Hubo más ajustes, pero aquella mañana del 10 de mayo Zapatero firmó su sentencia de muerte (polÃticamente hablando) y la del PSOE, que desde entonces no ha hecho otra cosa que perder elecciones.
Déjà vu en el Congreso. A Rajoy se le ha puesto hoy cara de Zapatero. El presidente del Gobierno ha anunciado un aumento del IVA hasta el 21%, la supresión de la paga de Navidad de los funcionarios, nuevos recortes del gasto, un férreo control de las autonomÃas, reducción del subsidio de paro para los nuevos desempleados, reforma de las pensiones… Como hizo su antecesor, Rajoy ha presentado un nuevo programa de Gobierno, en las antÃpodas del contrato que firmó con los electores (noviembre del 2011) y del proyecto que presentó en la sesión de investidura (diciembre del 2011).
Con una diferencia: a Zapatero la crisis –que primero negó y luego no supo embridar– le estalló entre las manos, pero cuando el lÃder del PP llegó a la Moncloa la gravedad de la situación económica española no era ningún secreto. Si el presidente socialista empleó los últimos meses de su mandato en evitar el rescate de la economÃa española, el conservador ha dilapidado su primer semestre presidencial para acabar resignándose a una intervención encubierta de España que, pese a las evidencias palmarias, se niega a reconocer.
Un recorte como el anunciado hoy por el Ejecutivo –65.000 millones de euros en dos años, sumaderos a los ajustes anteriores– sumirá a España en una depresión aún más profunda que la presente. Mientras la banca recibe fondos públicos para sanearse –a cambio de fuertes ajustes, todo hay que decirlo–, la pobreza, las desigualdades y la tensión social serán las únicas que cotizarán al alza. Si Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera de Rajoy, quiere tener la conciencia tranquila, deberÃa explicar al presidente que el coste polÃtico de estas medidas se llevará por delante su figura y las expectativas electorales del PP. Solo si acepta resignadamente su destino podrá luchar sin ataduras para que su inmolación polÃtica tenga recompensa. Pero no para su partido, sino para los sacrificados españoles.








