El efecto mariposa del IVA

Faltan quince días para que entre en vigor la revolución del IVA: mayor porcentaje en la tarifa, menos productos con el tipo reducido y, se supone, que menor fraude fiscal. Esta medida se planteó inicialmente como una exigencia europea en la línea de avanzar hacia la unión fiscal. Es un paso en la buena dirección. Los lerdos que se pasan el día diciendo que España es el segundo país del mundo que paga más impuestos olvidan que esa marca solo rige para la fiscalidad que grava las rentas del trabajo. En el resto, tanto los patrimonios como el consumo, están muy por debajo de la fiscalidad europea. Pero el caso es que el propio Gobierno alegó al final otra razón para subir el IVA. Dijo el inefable Montoro que se aumentaba el impuesto porque no todo el mundo lo pagaba y se necesitaba incrementar la recaudación. Todo un acontecimiento que el ministro de Hacienda de un estado reconozca por segunda vez en seis meses que el fraude le carcome.
Sea como fuera, con crisis de la deuda o sin ella, España debe encarar de una vez por todas el asunto del fraude fiscal. El PP se llena la boca del tema y ha tomado algunas medidas contradictorias. Está bien limitar los pagos en efectivo aunque también debería hacerse entre particulares pero la amnistía fiscal ha desanimado a quienes hubieran podido confiar en el Gobierno. Deberían ser los empresarios quienes presionaran al PP en este tema porque los que pagan impuestos y no defraudan son las primeras víctimas de la competencia desleal de quienes no lo hacen. Y por el otro lado, desde la izquierda, partidos y sindicatos tienen que entender que con un 25% de fraude fiscal, de economía sumergida, no hay manera de mantener el estado del bienestar. De nada sirve escudarse en el fraude de los ricos para justificar el pequeño trapicheo. Como tampoco soluciona nada defraudar en nombre de los abusos de los servicios públicos. Se puede discutir sobre cuántos impuestos hay que pagar pero no se puede discutir si hay que pagarlos. Y en el fraude fiscal hay un efecto mariposa como en el cambio climático: las grandes fortunas en los paraísos fiscales se nutren del dinero negro generado en los pequeños servicios sin factura, en los parquings sin recibos, en los alquileres sin contrato, en la diferencia entre el precio escriturado y el pagado por los negocios inmobiliarios… Los ricos consiguen no pagar impuestos porque todos aceptamos pagar alguna cosa sin factura.