Empezar de cero

El president Mas ha conseguido refundar el debate sobre la cuestión catalana. En el interior de Catalunya ha asumido el clamor de la manifestación de la Diada y ha colocado la cuestión de la independencia en el centro del debate político. Se oyen estos días, en público y en privado, intercambios de pareceres que hace solo unos meses eran impensables en este país. Vivimos, como ya hemos dicho, un tiempo inédito. También en España se han transgredido fronteras mentales hasta ayer impensables. El frentismo anticatalán que alimentó el PP desde su mayoría absoluta en el 2000 y, muy especialmente durante los gobiernos de Zapatero, se ha roto. El aparato de Rajoy guarda pulcro silencio y habla lo imprescindible para que los ultras no lo aporreen y siempre con el mismo mantra: la Constitución. Otra cosa no, pero la derecha franquista se abraza a la Carta Magna como no lo hizo nunca antes del 23-F. Algo se ha ganado. Más a la derecha de Rajoy, la España de Bankia se dedica a fabricar más independentistas catalanes a base de azuzar los miedos más infantiles: desde los tanques hasta las siete plagas de Occidente junto al clásico boicot a los productos catalanes y amenazas de huir Ebro abajo como la de Lara. Lo cierto es que este españolismo desenfrenado tiene de sus conciudadanos una imagen más esperpéntica de la que tienen la mayoría de los catalanes. Y, finalmente, a la izquierda de Rajoy encontramos una proliferación de federalistas que parece una auténtica lluvia otoñal.
Así las cosas, hay en Catalunya quien en voz baja sigue alimentando la esperanza que Mas vuelva al redil del catalanismo clásico y se acoja a estos llamamientos para arreglar “lo del pacto fiscal”, dicen algunas voces. Me temo que quienes eso proponen, desde uno y otro lado, no conocen demasiado a Mas, que no es del club de “la puta y la ramoneta“, y que en buena parte sigue un guion del que ha escrito el texto pero no ha decidido el ritmo de la declamación. Hablar de independencia no es necesariamente dejar de propugnar el “entendimiento” entre Catalunya y España y, sobretodo, entre catalanes y españoles. Esto no es un proceso de descolonización ni un remiendo de las fronteras de los acuerdos de Yalta. Estamos ante el fracaso de una convivencia centenaria y eso no se rompe en una tarde de manifestación ni se arregla enviando a la Guardia Civil. Pero tampoco se arregla con un “lo siento, yo no quería” de una u otra parte. Si hay arreglo, como muchos desean, es empezando de cero, es decir, iniciando un proceso para expresar la voluntad de cada una de las partes. ¿Salir para volver a entrar?