Los palmeros del president Mas han interpretado que ha llamado a “somaten”. Realmente los recién llegados al catalanismo soberanista saben poco de su historia y su ignorancia lleva a Mas a un callejón sin salida justo cuándo intenta liberarse del yugo de los maximalismos. Mas forjó su holgada mayorÃa en base a dos pilares: con las denuncias del desgobierno y el despilfarro del tripartito sedujo a los votantes situados a la derecha de CiU y con la propuesta de pacto fiscal como primera superación de la fase de autogobierno estatutario hacia el derecho a decidir “sin lÃmites” pescó en la aguas del centroizquierda catalanista. A los primeros, les correspondió el apoyo de manera inmediata tras llegar al Gobierno con la eliminación del impuesto de sucesiones. Los segundos deberÃan haber quedado satisfechos con el acuerdo del Parlament del pasado mes de julio, en el que, según sus detractores (PP, una parte de Unió y la dirección del PSC) se propone el concierto económico para Catalunya. Pero en este asunto, Mas se autoimpuesto una tarea ardua: presentarse en Madrid con una propuesta de pacto fiscal que cuente con un amplio consenso de la sociedad catalana. Ese serÃa el objetivo que parece apuntar para el otoño: evidenciar, ante el desaire de Rajoy, que éste es un asunto de paÃs y no de partido. El empeño de Mas está lastrado porque una parte de la sociedad catalana no olvida la tradición funámbula de CiU que le ha llevado en un sinfÃn de ocasiones a modular las exigencias del paÃs de acuerdo con sus intereses (legÃtimos) de partido. La prisa del aparato de CDC por constatar el fracaso en Madrid del pacto y pasar al siguiente estadio del derecho a decidir tras una elecciones anticipadas no hace sino debilitar el llamamiento de Mas y le obliga a aguzar el ingenio para no hacer el ridÃculo convocando una manifestación que deje en casa a la mitad de su propia federación y en cambio le sitúe en la posición en que se encontró su predecesor Montilla cuando quiso encabezar una marcha a favor del Estatut y chocó con lo silbidos de los independentistas más ansiosos.
El principal escollo que tiene Mas si quiere evitar el ridÃculo y pasar de la mayorÃa de Gobierno al consenso social en el tema del pacto fiscal es la actitud que tome el PSC. Pere Navarro ha hecho un esfuerzo memorable para superar las voces internas que le pedÃan huir de esta agenda e incluso al inicio del proceso hizo una propuesta imaginativa consistente en crear una hacienda modernizada en la que en lugar de la llave de la caja que piden los carlistas (y que ahora si es única está en Bruselas) se inspirara en las modernas cajas de seguridad con doble llave. Pero la pulsión conservadora que rige el socialismo catalán ahogó este impulso renovador de su primer secretario de manera que la izquierda catalana es la única del mundo que considera que en cualquier negociación no hay que pedir más de lo que te darán (pobres sindicatos si negociaran asÃ) y es el último vestigio polÃtico en España que defiende la Transición como algo inamovible. Pero Mas no conseguirá sacar a los socialistas de este cÃrculo vicioso por la vÃa de la movilización popular. DeberÃa encontrar con Navarro un camino de en medio y dejar la labor de palmeros a ERC (para los funámbulos) y al PP (para los conservadores).










Por fin encuentro, en mi opinión, una postura sensata