Haraquiri autonómico

La nueva Loapa no será una ofensiva del estado para recuperar competencias como la de 1982. Consistirá en una devolución en masa de competencias por parte de las autonomías gobernadas por el PP. Lo anunció Esperanza Aguirre en abril en la puerta del palacio de la Moncloa y este lunes Rajoy lo convirtió en consigna a los barones del partido. Núñez Feijoo -alter ego de Rajoy- se apresuró a anunciar una drástica reducción de diputados autonómicos y la supresión de los organismos que el cazalla party denomina “duplicados”, tipo Defensor del Pueblo, porque pueblo solo hay uno y si a Camps lo controlan a 600 kilómetros de distancia igual en lugar de trajes le pueden regalar coches. Lo cuentan en el diario Pilar Santos y Fidel Masreal y lo comenta Neus Tomàs.
Las cosas de la mayoría absoluta son así y es mejor afrontar la situación desde el realismo y no desde el voluntarismo. Este desmontaje del estado de las autonomías por la vía de la renuncia de las propias comunidades cuestiona, por ejemplo, la estrategia del Gobierno catalán basada en el tan anunciado “choque de trenes” a propósito del llamado pacto fiscal. El acelerón retórico de la última semana puede encontrarse sin enemigo enfrente y, en cambio, en un clima de manifiesta hostilidad interna y externa. Si lo que cuaja en Madrid y en Bruselas es que las autonomías del PP son las más aplicadas del continente porque no solo recortan sino que amputan, al president Mas le va costar Dios y ayuda responder a la demagogia populista de comparar los recortes en los hospitales y los gastos de viaje del Síndic de Greuges. El clamor contra la recentralización practicada como haraquiri va a sonar en un desierto español y comunitario.
Pero la única razón de la poda autonómica no es la pulsión españolista del PP. La FAES ha sabido teñir de nacionalista un discurso que fundamentalmente quiere reducir el contorno de los servicios públicos y, dentro de ellos, el peso de la política. En lugar de decir que promueven un Estado ultraliberal con menos representación política y con menos sanidad y educación, promueven la devolución de las competencias autonómicas para no “despilfarrar”. La reducción de los diputados autonómicos es un sinsentido similar a la eliminación de los regidores que no cobran, porque lo que les molesta no es el gasto sino sobretodo el control democrático. Y en ese camino encuentran el apoyo tanto de los palmeros de UPyD como de algunos antisistema que en lugar de deunciar los abusos se apuntan a la demagogia antipolítica.
Esta vez si que a España no la va a conocer ni la madre que la parió.