Explicaba una señora el lunes en Catalunya Rà dio que una de las razones por las que dudaba de que la independencia fuera conveniente, además de las inciertas consecuencias económicas, era el hecho de no saber en qué liga jugarÃa el Barça. Hay quien se puede tomar a risa las preocupaciones de la oyente, pero al margen de la importancia que cada cual le pueda dar a la cuestión del balón –hay mucha gente que soporta mejor las inclemencias de la vida si puede acostarse con un triunfo del equipo de sus amores–, el hecho tiene un simbolismo que conviene no desdeñar. Uno puede estar a favor o en contra de la independencia de Catalunya, pero vale la pena no olvidar que casi nada en la vida es simplemente blanco o negro.
Y en este asunto, el caso del Barça es paradigmático. Si Catalunya fuera independiente, tendrÃa como cualquier paÃs normal sus instituciones deportivas: Comité OlÃmpic Català , selecciones nacionales, federaciones, y en consecuencia, sus propias competiciones domésticas. O sea, el Barça jugarÃa la Lliga catalana en cada una de las disciplinas. ¿Contra quién? Lógico, contra Espanyol, Girona, Sabadell, Nà stic, Palamòs…  en la Primera División de fútbol; o contra la Penya, Manresa, Girona, Lleida, El Prat, en básquet. Y asà en todas las disciplinas.
Los ingenuos, los que creen que todo el monte es orégano, que los hay a patadas, como los describÃa con irónico acierto el escritor y filósofo Francesc Pujols (1882-1962) cuando decÃa: “A conseqüència de les condicions d’aquest paÃs per comprendre la realitat, arribarà un dia en que els catalans ho tindrem tot pagat”, se lanzarán enseguida a la yugular para replicar que eso no serÃa asà porque al Barça (olvidándose del futuro del resto de clubs, que también son catalanes) se lo rifarÃan las mejores ligas europeas (incluida la española) para llevar el espactáculo de Messi y compañÃa a sus estadios. Y citan de corrido los casos de Andorra, Mónaco, Gales y hasta las islas Feroe, amparadas en ligas mayores y con permiso para vestir camiseta nacional.  Pero ¿alguien cree que para satisfacer al independentista culé, Catalunya serÃa equiparada a un casino, un parque temático o una cofradÃa de pescadores, al estilo de los citados? Ni soñarlo.
En las pasadas elecciones autonómicas, preguntado el candidato de SI y expresidente del Barça, Joan Laporta, sobre el futuro del club en una Catalunya independiente, no se le ocurrió otra cosa que proponer una liga confederada de Portugal, España y Catalunya. En Madrid aún se rÃen. Porque la Liga española sufrirÃa con la marcha del Barça, como España sufrirÃa –y de qué manera– con la independencia de Catalunya,  pero el Barça dejarÃa de ser en muy pocos años (uno, tal vez dos) el club de referencia mundial (para regocijo del Madrid, todo hay que decirlo). ¿Por qué? Muy sencillo, una liga catalana con semejante cartel vaciarÃa los estadios y provocarÃa la deserción ante el televisor, amén de reducir el mercado potencial a seis millones de usuarios, con lo que ningún operador tendrÃa retorno publicitario ni de pago por visión suficiente para sostener la millonada que se embolsa el Barça. Y si caen los ingresos de taquilla y de derechos televisivos y más tarde los del merchandising se agotarÃa en muy poco tiempo el carburante que alimenta las privilegiadas virtudes de Messi, Xavi, Iniesta, Guardiola y el largo etcétera.
Resultado: el Barça seguirÃa el mismo camino que el admirado Ajax de Amsterdam, del que tan cerca se sienten los culés. Club modelo en los setenta, triple campeón continental consecutivo de 1971 a 1973, vivero de jugadores excelentes y lÃder de una liga pequeña y cautiva, cuando la libre circulación de jugadores estaba restringida. Luego llegó la sentencia Bosman, y las excepciones de Cruyff y Neeskens se tornaron regla. Sobre otra brillante hornada holandesa se cimentó, por ejemplo, el Milan de los 80, con Van Basten, Rikaard y Gullit, de infausta memoria para el Madrid, por cierto.
Asà es la realidad, que no tiene por qué ser negativa. Siempre le quedarÃa a un Barça condenado a ver emigrar a sus estrellas, volcarse aún más en la Masia, ser vivero de estrellas que alimente las grandes ligas europeas. Una idea que ligarÃa con la vocación exportadora de Catalunya, la clave de su supervivencia económica como paÃs independiente. Además, la selección catalana no desmerecerÃa ni mucho menos en los torneos internacionales, como ya auguró hace unos dÃas Eric Cantona. De hecho, la Holanda de la diáspora jugó la final del pasado Mundial de Suráfrica (y ya lleva tres) Eso sÃ, perdió contra España (con cinco catalanes en la alineación titular, que conste en acta)










Si, realment el Barça no podria jugar on volgués, com va dir Laporta: a la lliga espanyola, és clar que no, i en la francesa … tampoc: la resta dels clubs s’oposaria, no admetrien un competidor més. I fins i tot jugant a la lliga francesa els ingressos baixarien en picat. Conclusió: independència i el Camp Nou en ruïnes en uns pocs anys …
¡¡Atendamos a los Nacionalistas catalanes!! Nuestra Constitución pone en manos de todos los Ciudadanos del Reino de España la posibilidad de permitir su salida: hagámoslo y que estos nacionalistas formen un Estado con sus fronteras, visados, aranceles a sus productos y salida de todas sus empresas de nuestro Reino: esto lo verán bien, imagino, porque si nos odiaban de compatriotas tampoco nos querrán de clientes. Hay un pequeño inconveniente: seguirán con los mismos Mercados Exteriores, pero es cierto que su Mercado Interior será ahora de seis millones de personas en lugar de cuarenta y cinco millones. Esto acarreará grandes desajustes en el mercado laboral y empresarial. Pero quien algo quiere, algo le cuesta, ¿no?. Y ellos, los Obreros Nacionalistas, seguro que los aceptarán encantados. AsÃ, todos seremos más pobres pero más felices. ¡Suerte!
Y qué pasa si en lugar de eso, se hace una liga europea mucho más competitiva? Una Champions League más larga y con más rivales? Y las ligas nacionales que sirvan a los equipos para clasificarse para esa liga europea, como si la liga nacional fuera 2ªA y la europea fuera 1ª. Y luego en lugar de una Champions, se puede hacer una competicion más corta donde se unan los 8 o 16 mejores de la temporada anterior.
La verdad que no es tan difÃcil.
Luego cada paÃs puede seguir teniendo su copa nacional, del rey o de la marca de cerveza que prefieran.
El fútbol no debe ir lugado a la polÃtica.
La verdad que ya va siendo hora de abandonar las ligas nacionales. La española la venden como la mejor del mundo, y es una bazofia. No puede ser que la diferencia de puntos entre el 1º y el 3r clasificado sea de 20 puntos.
No le negaré lo crÃtico del asunto. En lo emocional no valen razones. Supongo que tampoco me negarÃa lo crÃtico de los 700.000 parados y de las familias sin ningún ingreso. La desfachatez de este estado llega, entre otras lindezas, a los 25.000 euros por parado -sólo tienen que dividir los 16.000 millones de déficit fiscal entre los sinnombre. Por de pronto un estado catalán crearÃa entre 200 y 300.000 puestos de trabajo situando nuestro estado del bienestar en números centroeuropeos de protección y justicia social. En su particular, Europa y la globalización van llegando en todos los sentidos. La liga española, como la peseta, es una ruina regional. Aunque a algunos siempre les quedará el recurso de subirse al monte, patilla y trabuco en mano y loar lo confortable de su barraca mientras disfrutan de su televisor en blanco y negro -con UHF, eh!-
Por cuanto respecta a tu comentario debo indicarte en primer lugar que el PIB de Catalunya representa casi el 30% del total del Estado. En segundo lugar debes tener presente que en Catalunya no se odia a nadie, simplemente se tiene muy presente el como se ha llegado a una situación de vasallaje que aún perdura hoy en dÃa desde que España se castellanizó tras su venta al francés, antepasado del cazador de elefantes que centralizó las arcas y dotó de prebendas a quienes le llevaron a usurpar el poder en detrimento de quienes ya en aquella época eran el motor económico de las españas. No debes olvidar que si España llegó a ser un Imperio, fue gracias al dominio catalán sobre el Mediterráneo y a la acertada polÃtica matrimonial de los RRCC. Culturilla, a veces viene bien.