La muerte del pacto fiscal

Han pasado ya 48 horas desde la manifestación independentista de la Diada. Artur Mas ha tenido en este breve lapso dos ocasiones para pronunciarse sobre su significado y las consecuencias que el clamor de esa parte significativa de la población iba a tener en su gestión de gobierno. Hay quienes le reclaman ya –el PSC entre ellos– que deje  de jugar con las ambigüedades y concrete cuáles van a ser sus pasos inmediatos. Qué propuesta va a hacer.

Mas ha construido estos dos últimos días un discurso ambiguo en las formas y los tiempos, pero claro en los objetivos. Difícil le va a ser dar muchos pasos atrás después de reclamar la urgencia de dotar a Catalunya de “instrumentos de Estado”, tras dar por finiquitados todos los intentos de convertir España en un Estado “amable” para los catalanes. El ‘president’ no se ha echado atrás y hay que reconocerle que ha mantenido el mismo discurso en Barcelona el día 12, que en Madrid, el 13. La eterna ambigüedad convergente del camino hacia Ítaca exige ahora a muy corto plazo una hoja de ruta. No va a tener mucho tiempo para concretarla si no quiere decepcionar a la parte de su electorado que se echó a la calle en Barcelona, y deberá arriesgarse a comprobar qué opina esa otra parte “silenciosa”, en palabras de Alicia Sánchez Camacho, que ha votado regularmente a CiU como la opción de ‘orden’ en Catalunya.

El reloj que se puso en marcha el día 11 no tiene aún horarios fijos pero es difícilmente desactivable, acabe como acabe la historia. Más pronto que tarde tendrá el ‘president’ que enseñar sus cartas porque el talismán del pacto fiscal no va a resistir ni el primer asalto. Ya era casi impensable que Rajoy aceptara debatir el fuero de la propuesta, ni siquiera como aperitivo de la revisión del sistema común de financiación autonómica que deberá abordarse el próximo año –desde el 2008 es de vigencia quinquenal– pero ahora las circunstancias lo han vaciado totalmente de contenido. Mas dijo el martes, aún agarrado al pacto fiscal pero con los dos pies en el tren del Estado propio, que el acuerdo de financiación, lo máximo que podía aspirar era a retrasar (‘alentir’) la marcha hacia la soberanía plena.

Ninguna negociación puede plantearse en esos términos ya que su solo enunciado da una razón fundamental a la otra parte para desentenderse de la oferta. ¿Para qué va Rajoy a negociar un acuerdo que en el mejor de los casos pararía el proyecto independentista unos pocos años? Su electorado y posiblemente la mayoría de los españoles no lo aceptarían. La carta del pacto fiscal estaba muerta antes de nacer, pero hasta el día 11 aún podía exhibirse sin rubor. Desde el martes el certificado de defunción es público, lo liquidaron los manifestantes el Onze de Setembre, lo enterró Mas al día siguiente y lo ratificará Rajoy –sí es que se digna salir de su mutismo– el próximo día 20.

A partir de ahí esperamos conocer qué viaje nos propone el ‘president’.