Las condiciones (del rescate)

A la manera gallega de Rajoy, el rescate ya está interiorizado en la mayoría de los españoles preocupados (los afectados son muchos más) por la actual situación económica. Sin debate, sin sufrimiento y sin aspavientos, Rajoy ha llevado a España al rescate con los mismos métodos que utilizó para deshacerse de Paco Camps. Como en aquel caso, el presidente intenta eliminar homeopáticamente la palanca que utilizó para conquistar el poder: los votos del PP valenciano son ahora la crisis de la deuda. Siempre con el mínimo coste y, sobretodo, con el mínimo esfuerzo. Llegados a este punto no hay discusión posible sobre el rescate, vamos a ver si somos capaces de debatir al menos sobre las condiciones, esto que ahora algunos llaman la “condicionalidad” para sustantivar la cosa.
Los prolegómenos de este debate están viciados por esta tendencia autodestructiva de una parte de la opinión pública española (y catalana todavía más) que les lleva a identificarse con los griegos. Dicen estas voces que vamos a perecer a manos de la austeridad de Merkel como el farmacéutico de Atenas. En este esquema interpretativo, Alemania en nombre de los mercados va a imponernos un programa draconiano de ajustes y recortes para asegurarse que sus bancos cobrarán los intereses y el capital de la deuda que -al parecer contra nuestra voluntad y obligados por la UE- hemos acumulado en los últimos 10 años. La alternativa sería que Alemania se encargara de devolver nuestra deuda a sus bancos y mientras, España buscara dinero fresco en los mercados para seguir endeudándose y generar una nueva burbuja de crecimiento a crédito. Es la versión remozada de Unamuno: ¡qué paguen ellos! Si España entiende las condiciones del rescate de esta manera, su economía va a sumergirse todavía más en el círculo vicioso del paro, las protestas, los asaltos a supermercados, los hachazos al presupuesto público, el incremento de la deuda y de sus intereses, la recesión, más paro…
Si Rajoy quisiera hacer política -Rubalcaba y Duran llevan días intentando que la haga- debería plantear la situación actual en otros términos como le proponían ayer desde el FT los profesores Garicano y Fernández-Villaverde. España necesita crear empleo porque no hay país viable con un 25% de paro. Para crear empleo se necesita crecer. Para crecer, España necesita crear un nuevo modelo productivo que mantenga el turismo como uno de sus pilares pero que sustituya una parte del sector de la construcción con nuevas industrias o con la ampliación de las que están demostrando ser suficientemente competitivas para exportar. Ese nuevo modelo productivo debe aprovechar las infraestructuras construidas con los fondos europeos, sin ampliarlas de momento. Las condiciones necesarias, que no suficientes, para este cambio de modelo productivo son que las empresas exportadoras recuperen el crédito operativo, que no el endeudamiento, y que una o dos generaciones de jóvenes se reciclen profesionalmente a través de programas de formación. Y este proceso es inviable, como ha demostrado la reforma laboral de Báñez, sin acuerdo entre los agentes sociales. El dinero del rescate ha de servir para esto, que no es muy diferente de lo que reclaman a España desde el año 2000 –cuándo todo parecía que iba bien- todos los malos malísimos de esta película: FMI, Comisión Europea, BCE y tutti quanti. Pero este debate será imposible si primero no aceptamos que las reformas no son buenas o malas en función de quien las propone sino de su eficacia para el objetivo principal: crear empleo.