Madrid y la España abierta

La propuesta de pacto fiscal catalán ha promovido un tímido debate sobre el concierto vasco. Desde Euskadi se han apresurado a señalar que la premisa del president Mas es errónea: el mayor bienestar vasco no proviene del concierto. Es una parte de la verdad. No proviene de la capacidad de recaudar todos los impuestos (hacienda foral) sino de la posibilidad de limitar la aportación al Estado o de determinar las prioridades en sus inversiones en las tres provincias vascas (el cupo). Dos ejemplos: es evidente que la manera cómo se ha determinado el cupo en los últimos años ha tenido como consecuencia que el País Vasco no ha aportado la cuota de solidaridad que le correspondía de acuerdo con su nivel de renta. Vamos, que los ricos vascos han transferido menos recursos a las clases desfavorecidas de Extremadura de los que han enviado las clases medias catalanas, valencianas o madrileñas. Un caso evidente en que se ha desvirtuado el principio de progresividad de la fiscalidad española. El segundo ejemplo es más evidente: cuándo el Gobierno español planteó la conexión del AVE con Francia sin pasar por Bilbao, el Gobierno vasco decidió pagar la conexión de alta velocidad entre las tres capitales vascas y no lo hizo endeudándose sino que descontó el gasto de la transferencia (cupo) al Estado al entender que era una infraestructura que correspondía a sus competencias. No me extraña que los vascos no quieran ni oír hablar del concierto catalán porque igual en el camino se dejan una parte del cupo que no pagan.
La ventaja competitiva que han tenido las élites y las clases populares vascas gracias al cupo ha sido poder tomar decisiones al margen de ese Madrid carpetovetónico que recuperó el poder con Aznar y lo mantuvo con Zapatero. Felipe, aconsejado por Guerra y por Solana, ungió su hegemonía a base de situarse en un triángulo formado por vascos, catalanes y andaluces que llegó a poner de los nervios al Madrid de los funcionarios, los banqueros y las grandes compañías de servicios. Se revelaron con Mario Conde a la cabeza y retomaron el poder que nunca habían abandonado del todo. La gracia del concierto y del cupo vasco es poder tener unas prioridades propias y no solo las de los campeones nacionales que dominan Madrid y que solo admiten el poder territorial por delegación, como el que permitió florecer a la Valencia de Zaplana y Camps. La España abierta, libre de ese clúster de poder enrarecido que ha alumbrado Bankia, solo es posible con el cupo y el concierto. Esa es la conclusión de muchos catalanes, de las élites y de las clases populares.