Merkel en el Sónar

La intensa crisis de la zona euro desata los tópicos más primarios cuando se enfrentan los países que apuestan por la austeridad y los que reclaman un poco de oxígeno para salir del hoyo. Dicen estos días en Alemania que España tiene suficientes pisos por vender, autovías inservibles y contribuyentes ricos como para no necesitar un rescate. Es un estereotipo injusto para los millones de parados que han perdido el trabajo y el futuro por la “década irresponsable” de una clase dirigente que confundió el crecimiento económico con el pelotazo y las políticas públicas con el populismo. No es excusa suficiemte pero una parte de esa injusticia alemana es el resultado de la hidalguía española durante la crisis de la deuda, especialmente hiriente desde el resctae bancario del pasado sábado.
La desconfianza en el euro se extiende en estas horas de sur a norte y empeñarse continuar la pugna por determinar a los culpables del psicodrama solo hace que alimentar los intereses de los tiburones financieros de la city que muerden día tras otro con los afilados colmillos de la agencia Reuters y del Financial Times (FT). La zona euro ha de recuperar el equilibrio entre los beneficios y los riesgos de la unión monetaria para que estos no respondan únicamente ni principalmente a criterios geográficos. Alemania se comió solita su reunificación sin dejar de atender sus obligaciones comunitarias. Hay que reconocerlo cuando se els acusa de insolidarios. Pero tan cierto como eso es que junto a los excesos del camarero de la alcaldesa Botella, en el sur hay realidades como el Sónar que son el resultado de una mezcla casi perfecta de talento, capacidad de trabajo y creatividad. Un festival que se exporta desde Europa a medio mundo y que da valor añadido a la marca turística de Barcelona. El FT debería llevarlo a la portada.