Proporcionalidad

El Gobierno de Rajoy encara la semana con la aprobación de una nueva reforma bancaria en el horizonte. La quinta desde la crisis de 2008 y la tercera con Guindos de ministro. Pero es la primera que se hace bajo directa supervisión europea. Sobre la mesa tres asuntos clave: las condiciones de saneamiento y/o liquidación de las entidades intervenidas; la resolución de la estafa de las acciones preferentes; y, tercero, las relaciones entre el regulador bancario y las entidades en la transición hacia la unión bancaria. Técnicamente habrá que mirar con lupa qué medidas garantizan que no aparezca un nuevo Bankia puesto que no podemos olvidar que no es el resultado del libre mercado sino el fruto de las cuatro reformas anteriores. Pero políticamente lo relevante es ver como se articula el reparto de los daños. Aquí es donde Rajoy se la juega. Sus apelaciones a la unidad para salir del pantano no tendrán ninguna credibilidad si el resultado es que las ancianas que adquirieron preferentes pensando que eran depósitos a plazo fijo pierden todos sus ahorros mientras los deudores del mismo banco intervenido no quiebran a instancias del FROB. Esa es la clave. No se trata de la demagogia de los salarios de los directivos, que también. Sino que se trata de evitar que algunos pretendan que ahora el Estado les guarde a precio de burbuja los activos tóxicos que acumulan hasta que se los devuelva cuando amaine la tormenta.
La reforma “ordenada” del sistema financiero ha de garantizar una absoluta proporcionalidad entre la responsabilidad en los riesgos fallidos y la quita que se aplica. El dinero público ha de servir únicamente para garantizar los depósitos de las entidades quebradas, limitar la quita de pequeños accionistas y recuperar la confianza en el sistema bancario. Si los que frecuentan el palco del Bernabeu o del Camp Nou pretenden que el Estado les pague un invernadero para sus inversiones fallidas, la tensión social seguirá aumentando exponencialmente y Adam Smith se revolverá en su tumba. Afortunadamente, Draghi no sabe ni la cara que tienen.