#Rescate: Lo que pica, cura

De pequeños cuándo nos hacemos pequeñas heridas en las escaramuzas con la naturaleza y los congéneres, madres y padres nos aplican un remedio casero y mientras soplan amorosamente susurran: “lo que pica, cura” para apaciguar unos llantos que no sabemos en que medida corresponden a la lesión o al paliativo. Esta mentalidad está muy arraigada en la Europa del norte e inspira también el comportamiento de los mercados financieros. Cómo explicaba este martes el expresidente Zapatero (en una curiosa reaparición como articulista en el diario que más minó a su Gobierno), la credibilidad de las medidas contra el déficit se mide en la city por una mezcla de eficacia y contundencia, vamos, lo que pica cura.
En este contexto, el desplante de Catalunya y Andalucía en el Consejo de Política Fiscal y Financiera ante el desigual reparto del ajuste del déficit o las movilizaciones en la calle de los sindicatos a mediados de julio no está tan claro que debiliten la posición de Rajoy como la prensa capitalina de derechas, y la presuntamente de izquierdas, proclama este miércoles. Ciertamente el momento procesal es inoportuno justo cuándo la habilidad política de Monti (vuelvan a llamarle tecnócrata) está a punto de convencer a Alemania de la necesidad de activar ya los mecanismos de cortafuegos aprobados en junio. Rajoy siempre podrá decir que Catalunya y Andalucía se quejan porque finalmente el drácula Montoro les ha incado el diente donde les duele. El drama, que alguien debería explicar a Merkel y a los finlandeses, es que esta escenificación para aplacar el ataque de los mercados al euro tiene un efecto mariposa en los pobres viejecitos catalanes que este mes dependen de la buena voluntad de sus cuidadores para sobrevivir. La sangre fresca que se presenta como trofeo no debería ser siempre de los mismos. La quiebra de ciertos apalancados del sector del ladrillo tendría efectos similares porque también pica, y por lo tanto también cura.