Rubalcaba & compañía

Como hiciera Mariano Rajoy al conformar su primer Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba ha elegido a sus colaboradores más fieles y a quienes le prestaron apoyo en la votación del sábado para conformar la nueva ejecutiva federal del PSOE. El candidato que obtuvo el 51% de los sufragios en el 38º congreso apenas ha hecho concesiones a los partidarios de Carme Chacón, que cosechó el 49% de los votos. Solo la presidencia ornamental del andaluz José Antonio Griñán y la cuota mínima exigible del PSC, sin poder ejecutivo alguno, maquillan la hegemonía rubalcabista en la cúpula del PSOE. A la que, tomando prestada la idea de un reciente y polémico reportaje, bien podríamos definir en adelante como “Rubalcaba & compañía”.

Para bien o para mal, así opera el juego de mayorías y minorías en los partidos políticos: el que gana, si así lo desea, se lo lleva todo. Nada que objetar, por tanto, en términos democráticos. Pero quizá la “unidad” del PSOE reivindicada por Rubalcaba hubiera sido más plausible de haber incorporado a la dirección a algunos representantes de la mitad del partido que no le votó. Quizá así el meritorio 80% de apoyos que ayer obtuvo la ejecutiva entrante se hubiera acercado al 90% conquistado en el 2000 por el equipo de José Luis Rodríguez Zapatero. Tal vez, solo tal vez, una mayor integración en la ejecutiva de los afines a Chacón hubiera ayudado a restañar heridas, vacunando así al socialismo español del virus de la división interna. Pero son solo hipótesis.

Lo que no es una conjetura, sino una certeza, es que el funcionamiento orgánico de los partidos continúa alejándolos de la ciudadanía a pasos agigantados. Aunque el PSOE lleve la delantera en cuanto a democracia interna –y aún cobrará más ventaja si propicia la celebración de unas verdaderas primarias a la francesa–, lo cierto es que, a la hora de designar al líder, la voz de los militantes (apenas 250.000 en el caso del PSOE) está demasiado mediatizada por las direcciones locales y territoriales, por las componendas internas, por los equilibrios de poder, por los personalismos… El desapego de los ciudadanos respecto a la política se combate con nuevas formas de hacer política, no con las políticas de siempre.