¿Qué hacemos ahora?

Si Mariano Rajoy se cree cuanto nos contó el domingo en su chriripitifláutica rueda de prensa, no tenemos un problema, sino dos. El tiempo de la propaganda y los juegos semánticos ha terminado y el presidente no se ha enterado. Europa está convencida de que tenemos un gobierno sin criterio y el rescate es el fracaso de un gobierno que ni tiene criterio, ni sabría defenderlo si lo tuviera.

El rescate supone un fracaso, pero no es el final. Tampoco es el mal trago que había que pasar para que las cosas empezasen a mejorar. Marca el principio de un camino difícil y doloroso que debemos recorrer con decisión y criterio y que puede acabar bien o muy mal. Depende de nosotros. Es el momento de hacer balance de daños y trabajar para minimizar los costes. De hacerlo o no, dependerá que nos encaminemos en la buena dirección.

Lo primero pasa por controlar el coste económico. Nadie sabe lo que puede pasar porque no existe precedente de un rescate semejante. La decisión puede acabar de cerrar el acceso a los mercados y colocar al Tesoro español ante la imposibilidad de financiarse. O puede generar estabilidad y sentar las bases de la reactivación económica.

Para que suceda la segundo, Mariano Rajoy debe decidir rápido y bien. Urge un plan de recapitalización y saneamiento creíble para la banca. Apremia subir el IVA y eliminar deducciones como la de vivienda para asegurar el compromiso con la consolidación fiscal. Se impone avanzar con audacia en la reforma de nuestra administración suprimiendo, por ejemplo. la ineficiente estructura de la diputaciones, liberando así más de 82.000 millones de Euros anuales.

Lo segundo es amortizar el brutal coste político del recate. España camina hacia la irrelevancia en Europa. Jugábamos para ganar la Euro y hemos perdido la permanencia en el momento decisivo para la construcción de la Europa del futuro.

Hay que recuperar la iniciativa con un discurso veraz y auténtico, reconstruir la confianza y las alianzas en Europa, apuntalar a las instituciones económicas clave como el Banco de España y, aunque suene prosaico, resolver ya disputas políticas internas como la bomba de relojería que supone Bankia para el PP.

Esto acaba de empezar y va a ser duro. No se engañen.