Zapatero, de todos es sabido, tardó un año en admitir la crisis, allá por julio del 2008. Luego se pasó otros dos remoloneando, convencido de que era un trancazo pasajero que se curaba con remedios de la abuela, con el respaldo complacido primero de Solbes y después de Salgado, y haciendo oÃdos sordos a las alarmantes advertencias de su asesor económico David Taboas, tal como éste se ha ufanado en dejar constancia documental en el último libro de Ernesto Ekaizer (‘Indecentes’, Espasa). Esa miopÃa no evitó que las cosas siguieran su curso inexorable hasta que un 12 de mayo del 2010 el presidente tuvo que subir los peldaños de la tribuna del Congreso para anunciar, a la salida también de un Consejo Europeo, el recorte salarial de los funcionarios, la desinversión pública, la congelación de las pensiones… en un desesperado intento de embridar el déficit que se comÃa nuestra credibilidad.
Ahà Zapatero fue consciente de que para evitar el primer ‘match ball’ del rescate europeo acababa de cavar su tumba polÃtica (y la de su partido). En ese vÃa crucis y hasta el calvario del 20-N no gozó de la más mÃnima muestra de compasión ni misericordia por parte del PP, convencido en su soberbia de que bastaba solo un cambio de rostros y siglas para que España volviera a su cauce. Para que Europa y los mercados volvieran a confiar en nosotros. Han bastado siete meses para que Rajoy cayera de un caballo que no ha logrado domar en estos siete meses y para lo que llevaba años preparándose. Esta mañana, tras semanas de negar la mayor como hizo en su dÃa su antecesor, Rajoy subió los mismos peldaños del patÃbulo que Zapatero hace dos años para evidenciar su derrota. Ni siquiera su mayorÃa absoluta le sirvió para ocultar su desnudez, en un discurso tan falto de brÃo como el de su antecesor. Hoy ha vivido su propio 12-M, y quién sabe si su San MartÃn. Su ruborizante justificación de la subida del IVA, contrapuesta a esos videos que inundan la red sobre sus reiteradas descalificaciones de la medida que hasta ayer denostaba, hacen aún más patético el calvario. En su curriculo quedará que Zapatero, al menos, nos dejó segundos por detrás de Italia en la lista de paÃses para el desgüace, mientras que él, en solo medio año, ha logrado ponernos por méritos propios en primera lÃnea del sacrificio, incapaz de salvar el segundo ‘match ball’ de la in-ter-ven-ción. Rajoy, en su pecado de soberbia tiene ahora su penitencia. Lo malo es que las bofetadas las vamos a recibir (casi) todos. Otra vez.









