En la Europa de nadie

La elasticidad de Mariano Rajoy carece de límite. Eso hay que reconocérselo. Empezó dando un paseo por el río con Ángela Merkel cogidos de la mano y la austeridad. Ahora camina a las orillas del Sena con Hollande y diserta con convicción sobre las bondades del crecimiento y las políticas de expansión de la demanda.
Hace nada los eurobonos conformaban un sueño imposible, una boba ilusión que solo los locos o los necios podían perseguir. Ahora son el santo grial de la deuda pública y la prima de riesgo y hay que ser muy necio o muy loco para no darse cuenta.
No hace ni dos días, nuestro presidente había presionado para que nos abrieran una ventajosa línea de crédito y el Eurogrupo se había rendido. Todo estaba tan bien que incluso se imponía ir al fútbol para celebrarlo. Ahora el rescate ya no es ni siquiera una buena idea, sino más bien una ocurrencia de algún listo europeo que no entiende que si el estado rescata a los bancos, el estado se convierte en el rehén.
Tanto nos vale ocho como ochenta. Vamos según sople el viento. Si parece que Ángela Merkel no cede, nos ponemos en primera posición de saludo. Si parece que Hollande y Obama aprietan, entonamos la Marsellesa.
Ni una idea para salir de ésta. Ni una propuesta para remontar la crisis europea. Nada que aportar al debate por parte de un gobierno sin criterio ni soluciones. Hasta algo tan obvio como que fuera el Fondo de estabilidad quien comprara deuda pública tuvo que proponerlo Monti desde la casi inerme Italia.
Lo único que saben nuestros socios de nosotros es que acudimos corriendo en socorro del vencedor y que nos vale todo con tal de que nos dejen venderlo como un éxito en Madrid. Y aquí estamos, a horas de la cumbre europea, en tierra de nadie, sin que nadie nos cuente entre los suyos, sin una idea que poner encima de la mesa y sin que nadie se fie de que no vayamos a decir todo lo contrario en el último segundo.
Aquí estamos, liderando con Chipre el Futuro de Europa. Aquí estamos, en España, esperando a ver si alguien nos lo arregla.