la vergüenza siria

Al parecer, España, Italia, Francia y los miembros del Consejo del Golfo han llamado a consultas a sus embajadores en Siria. La respuesta de Damasco seguramente no se haga esperar. Puede que les pidan que aprovechen el viaje para llevar unos paquetes a parientes y amigos que el sanguinaria dictador El Asad tiene diseminados  por el mundo, junto con unas cuantas cuentas corrientes y fondos de inversión en bancos serios y respetables.

Seis mil muertos después, llamamos al embajador. El régimen sirio debe estar temblando. Como las dictaduras de nuevo cuño que estamos dejando consolidarse sobre las cenizas de la primavera árabe por miedo a su democracia.

El modelo de regímenes corruptos y represores que tanto nos gusta en Occidente para relacionarnos con todo lo que no es cristiano y occidental ha colapsado. Pero preferimos pensar que no, que quien colapsaron fueron un puñado de dictadores viejos y crueles devorados por el botox.  Seguimos pensando que el modelo vale, que aún es seguro y nos ofrece protección, como el imperio romano también lo pensó en su día. Solo es cuestión de buscarle dictadores nuevos, con menos botox o que se les note menos.

El caso de Siria es de manual. Tenemos un régimen muy malo a quién condenar de boquilla y unos aliados igualmente malos a quien culpar por no dejarnos darle su merecido al dictador. Nosotros queríamos ayudar, pero los rusos y los chinos con su poder de veto nos lo impiden. Como si fuera la primera vez que alguien usa su derecho de veto en la ONU y la primera vez que se le fuerza a levantarlo. Se llama política. Solo hay que querer hacerla.