Lleva el Gobierno del PP varias semanas pretextando que era la incertidumbre griega la que castigaba a la deuda española en los mercados; ni el nacionalizado agujero de Bankia, ni el condicionado rescate bancario, ni las crecientes dudas respecto a la capacidad de España de cumplir sus compromisos de reducción del déficit hacÃan mella, a juicio de los populares, en los inversores internacionales. Una teorÃa que se antojaba inconsistente, a expensas de su ratificación o descalificación tras la jornada electoral de ayer.
Pues bien, anoche el veredicto de las urnas griegas alejó el fantasma de una salida desordenada del Estado heleno del euro, al imponerse la derechista Nueva Democracia (responsable del fraude contable de la pasada década que abocó al paÃs al rescate) y al sumar este partido una mayorÃa sólida con el socialdemócrata Pasok. Grecia se queda, pues, en la eurozona. Y Alemania, a renglón seguido, se ofrece a flexibilizar –veremos con qué grado de generosidad– las condiciones del rescate. Pero la coartada de Mariano Rajoy se ha resquebrajado. Muerto el perro, la rabia permanece: el bono español a 10 años vuelve a superar hoy el 7% de rentabilidad con la prima de riesgo en cota récord, flirteando con los 570 puntos básicos. Con una gran emisión de deuda a largo plazo a la vuelta de la esquina, España sigue en el epicentro del tsunami del euro.
El presidente español inicia hoy en México una cumbre del G-20 en la que todas las miradas se depositarán sobre Angela Merkel . Tanto el estadounidense Barack Obama como el Fondo Monetario Internacional (FMI), los paÃses emergentes y el francés François Hollande, reforzado tras conquistar la mayorÃa absoluta en las legislativas francesas del domingo, intentarán demoler la muralla de la canciller alemana, que se enroca en las polÃticas de austeridad a riesgo de llevarse por delante el proyecto del euro y arrastrar consigo a la economÃa planetaria. ¿Qué hará Rajoy en la cumbre de Los Cabos? ¿Se alineará con los mandatarios internacionales dispuestos a presionar a Alemania para que reconsidere sus postulados? ¿Guardará un prudente silencio, a la espera de las otras tres cumbres en ciernes (la del crecimiento, en Roma; la del Eurogrupo, centrada en la banca española; y el consejo europeo de Bruselas? Este periplo constituye una verdadera reválida internacional para el presidente español. Del éxito (o fracaso) de sus gestiones dependerá, en buena medida, el devenir de su mandato.








