Amarrar el voto de casa

George Lakoff, uno de los gurús más destacados del Partido Demócrata norteamericano, impuso sus tesis al PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. En síntesis, la doctrina Lakoff defiende que si políticamente juegas en campo contrario tu adversario tiene parte del partido ganado. Fácil. En esta campaña, como en la de 2008, el terreno de juego donde el PP ha querido jugar ha sido en el económico. La marca PP va annexa al concepto de buena gestión económica. Y el caso es que, sin demasiado esfuerzo ni concreciones, el contexto internacional le ha hecho el trabajo a los de Mariano Rajoy.

En 2008 no pasó, por suerte para el PSOE. Esta vez, en cambio, el PSOE no sólo no ha ha podido evitar el debate económico sino que lo ha incentivado. Para desconcierto de propios y extraños. Alfredo Pérez Rubalcaba, muy especialmente, ha buscado el cuerpo a cuerpo con Rajoy por las cuestiones económicas. Con un objectivo estratégico típico de partido grande que renuncia a la victoria: mirar de aferrar, como mínimo, el voto más fiel, que también se observa en peligro.

La visita de ayer a Catalunya es eso. Un mirar de amarrar el voto de los descontentos de casa. Pero no solo por el factor geográfico. Los primeros en recibir la visita del candidato fueron los sindicatos, CCOO i UGT. A este espectro de votante y a sectores afines se ha dirigido especialmente el candidato Rubalcaba. A los sectores más de izquierdas. Una decisión que admite una renuncia. La de mirar de abrazarlo todo.

Partidos como PP y PSOE son lo que se conoce como partidos catch all (abrázalo todo), que aspiran a obtener el voto de sectores muy amplios y transversales de la sociedad, para así obtener una mayoría que les haga posible imponerse y governar. Es por eso que cuando se decantan por dirigir sus campañas a solo una parte (la más de izquierdas que puede votar PSOE, por ejemplo) están renunciando implícitamente a imponerse. Es un intentar abrazar lo que se pueda, en vez de todo.