La prima de Rajoy

Sabíamos que Mariano Rajoy piensa en una niña que vivirá en una España feliz cuando él gobierne. Sabíamos también que Mariano Rajoy tiene un primo que no cree en el cambio climático. Pero lo que no sabíamos es que le preocupara tan poco la otra prima, la de riesgo, uno de los principales problemas del país y que, sin embargo, no tuvo cabida en el debate de ayer.

Cabe preguntarse cómo es posible que los dos aspirantes a presidir el Gobierno de España dentro de mes y medio no mencionaran las enormes dificultades que tiene el país para financiar su deuda en los mercados internacionales. Posiblemente Rubalcaba no lo hizo para no poner de manifiesto los riesgos reales de que nuestra economía necesite de una intervención. Es decir, para no sacar a relucir la maldita herencia recibida. Pero no se entiende muy bien por qué Rajoy dejó de jugar esa baza justo el día en que la prima de riesgo española alcanzaba la muy preocupante cota de los 385 puntos. ¿Tal vez el líder del PP piensa ya como presidente y trata de no excitar todavía más a los mercados?

Las propuestas de Rajoy en materia económica son, en cualquier caso, decepcionantes. En el debate se limitó a dibujar, como suele hacer en el Congreso, el círculo virtuoso que sacará al país de la crisis. A saber: cambio de Gobierno; sube la confianza en el país; los empresarios y los emprendedores invierten y crean empleo; al crearse empleo mejoran las cuentas del Estado; baja el déficit, se supera la tormenta y ya navegamos otra vez a velocidad de crucero. Como en 1996.

Semejante explicación puede estar bien en un mitin de las Nuevas Generaciones, pero resulta escasamente convincente para una sociedad atormentada desde hace años por las malas noticias económicas y sometida a un baño de realismo en forma de cinco millones de parados. Porque el mero hecho de que Rahoy llegue a la Moncloa no va a conseguir que los inversores que especulan con la deuda española dejen de hacerlo de la noche a la mañana. Ni la tormenta italiana va a parar en los próximos meses, ni el consumo interno se va a disparar, ni los bancos van a empezar a dar créditos y a borrar de sus balances los activos tóxicos.
Rajoy ganó el debate, dicen. Y ganará las elecciones. Pero va a encontrarse una situación que requiere decisiones duras y no solo sentarse a esperar que la confianza obre milagros. Las siglas del PP cotizan al alza. Pero, como se dice en el fútbol, los partidos no se ganan solo por el peso histórico de una camiseta.