Los votantes de ERC se quedaron sin poder expresar su voz en el debate de investidura de Rajoy. No fue por culpa del perverso Estado español ni porque los socialistas o los convergentes se confabularan para silenciarlos. Fue simplemente la impericia de sus nuevos dirigentes. Es el problema de las revoluciones polÃticas que hacen tabla rasa con el pasado inmediato, se pierde información y, por tanto, inteligencia. Está de moda entre los militantes polÃticos y, especialmente entre los periodistas, poner a parir a los aparatos de los partidos a los que se acusa de todos los males de la polÃtica contemporánea: la corrupción, la falta de lÃderes, la desconexion de la sociedad. En Catalunya fruto de ese furor antiaparato los partidos han tenido que defrenestrar en los últimos meses -o al menos hacerlo ver- a Xavier Vendrell en ERC, a David Madà en CDC y a José Zaragoza en el PSC. Los aparatos generan seguramente -como toda burocracia- dinámicas perversas pero hacen trabajos poco visibles que casi nunca se les reconoce. Son los aparatos los que atienden a las tantas de la noche a los militantes cabreados por la actuación de las cúpulas. Los que tejen y destejen alianzas con la sociedad, más o menos confesables. Y también son los que saben qué hay que hacer para cobrar los envÃos electorales sin perder el derecho a réplica en la votación de investidura. Los aparatos, tan malditos como imprescindibles.
Malditos aparatos
– 20 diciembre, 2011









